Archivo de la categoría: Radioactividad

Miden el impacto medioambiental del accidente nuclear de Chernóbil en el mar Báltico


Un estudio analiza los niveles de distintos isótopos radioactivos en la zona del mar Báltico, estudiando sus concentraciones en algas antes y después del accidente de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986. Los resultados revelan que los niveles de 129I en las algas no son mucho mayores que los existentes en años previos al accidente nuclear.

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Científicos del Centro Nacional de Aceleradores (Universidad de Sevilla-Junta de Andalucía-CSIC) han realizado un estudio comparativo de los niveles de distintos isótopos radioactivos en la zona del mar Báltico, analizando sus concentraciones en algas antes y después del accidente de Chernóbil.

Los autores han revisado las algas, ya que son un buen bioindicador para monitorizar la contaminación radioactiva del mar al tener la capacidad de acumular distintos elementos presentes en el agua. Por esta razón, se han estudiado algas muestreadas en 1982 y 1986 (después del accidente de Chernóbil) en distintos puntos de la costa de Suecia, obteniendo así una distribución tanto espacial como temporal de la concentración de 129I.

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El accidente de Fukushima aumentó cien veces el estroncio radiactivo en las costas de Japón


Durante los tres meses posteriores al accidente nuclear de Fukushima, científicos del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA), la Universidad Autónoma de Barcelona y otros centros internacionales analizaron los niveles de radioisótopos de estroncio en las aguas del Pacífico. Los resultados, que se presentan ahora en la revista Biogeosciences, revelan que en algunas zonas se multiplicaron por cien las concentraciones de este elemento radiactivo.

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) y del Departamento de Física de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) han estudiado la presencia y dispersión de los principales radioisótopos de estroncio (Sr-90 y Sr-89) en las aguas costeras del este de Japón en los tres meses posteriores al accidente nuclear de Fukushima, ocurrido en marzo del 2011.

Las muestras analizadas constatan el impacto que tuvo el vertido directo de material radiactivo en el océano Pacífico y permiten estimar que la cantidad de estroncio 90 vertido durante estos tres meses fue de entre 90 y 900 TBq (terabecquerelios), aumentando los niveles previos al accidente hasta dos órdenes de magnitud.

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La tragedia de Chernóbil 26 años después


Comienza la construcción de un nuevo sarcófago para la central que protagonizó la mayor catástrofe nuclear de la historia

La central nuclear de Chernóbil, escenario de la mayor catástrofe atómica de la historia, sigue constituyendo un grave problema 26 años después. El sarcófago construido tras la catástrofe por cientos de ‘liquidadores’, que sufrieron graves secuelas por su trabajo no ha aguantado el paso del tiempo y, lleno de grietas, deja escapar la radioactividad.

Hoy, en el aniversario del suceso, Ucrania ha comenzado a construir un nuevo sarcófago que debe garantizar la seguridad durante el próximo siglo. El cuarto reactor de la central será cubierto por un nuevo sarcófago gracias a la ayuda de 21 países donantes.

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Un horno para comprimir la chatarra radiactiva


La fusión de metales es un proceso industrial para el almacenaje

La explosión que sufrió ayer la planta de tratamiento de residuos de Centraco, en Gard, se produjo en un horno dedicado a la fusión de materiales de baja actividad radiactiva. Y sólo hay una razón para hacerlo: reducir su tamaño. Los países que deben lidiar con materiales radiactivos procedentes de la industria atómica, instrumental médico y material de laboratorio se esfuerzan por minimizar los problemas que pueda provocar esta basura tóxica. Y cuanto menos ocupe, mejor.

“Se trata de una técnica metalúrgica, de las más seguras que se han puesto en práctica, para reducir el tamaño de los residuos. Esto sirve para mejorar la gestión, el almacenamiento y la durabilidad de los desechos en el depósito”, explica el experto en energía nuclear del Ciemat Enrique González. El horno que ayer explotó suele dedicarse a fundir materiales que tienen presente el isótopo radiactivo cobalto-60, que se usa en radioterapia como tratamiento oncológico. Pero en ese tipo de hornos también se comprime todo tipo de metales (tuberías, planchas…) que formaron parte de una central desmantelada y contienen algo de contaminación. Este proceso no interviene de ninguna forma en el nivel de radiación que contiene la chatarra: “En ningún caso reduce la radiactividad, se mantiene constante”, asegura González.

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Imágenes del reactor número 1 de Fukushima


Tepco, la empresa que gestiona la central nuclear de Fukushima, ha hecho público un vídeo en el que aparecen por primera vez desde el 11 de marzo trabajadores en el interior del reactor número 1.

Vídeo inédito de la piscina del reactor 3 de Fukushima

Tepco ha hecho públicas este miércoles por primera vez imágenes de una de las piscinas en las que se almacena combustible nuclear gastado.

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Japón Catástrofe imprevista


Documental Japón: Catástrofe imprevista

La tragedia de Japón a través de nuevas imágenes y testimonios. Comprenda la dimensión de la física de este reciente cataclismo que estremeció el eje de la Tierra. Científicos examinan si la costa americana pudiera ser la próxima.

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Un reactor cerrado en la URSS por inseguro sigue funcionando


La UE pide el cierre de la central nuclear de Metsamor, con tecnología soviética y en una zona sísmica

El miércoles pasado, el primer ministro azerbaiyano, Artur Rasizade, hizo un dramático llamamiento a la comunidad internacional para cerrar una central nuclear, la armenia de Metsamor. La planta es un cóctel peligroso: tecnología soviética de hace 40 años, como Chernóbil, y un emplazamiento en una zona sísmica, como Fukushima. Y todo ello a 30 kilómetros de la capital armenia, Ereván.

Para Rasizade, esta central del país vecino es una “amenaza” para Azerbaiyán, Turquía, Georgia, Irán y Rusia, según denunció en una cumbre sobre el futuro de la energía nuclear en Kiev (Ucrania). La instalación atómica, recordó, ya dio un susto al mundo. El 7 de diciembre de 1988, un terremoto de magnitud 6,9 sacudió el norte de Armenia, entonces parte de la URSS. Unas 25.000 personas murieron cuando se vinieron abajo sus casas, construidas de cualquier manera durante el periodo de estancamiento económico bajo la dictadura de Leonid Brézhnev.

La planta atómica produce el 40% de la electricidad de Armenia

La central de Metsamor, a 75 kilómetros del epicentro, aguantó, pero en 1989 las autoridades decidieron no correr riesgos innecesarios y cerraron sus dos reactores. Pero el apagón no duró mucho tiempo.

Tras declarar su independencia, en 1991, Armenia entró en guerra con Azerbaiyán por el control del enclave de Nagorno Karabaj. Y, después de la guerra y del colapso de la URSS, Armenia, con una crisis energética galopante, puso la economía por delante de la seguridad y reabrió uno de los reactores de Metsamor. Desde entonces (1995), la central es un quebradero de cabeza para los países vecinos y para la UE, que la quieren ver cerrada. Turquía está a unos 15 kilómetros. La zona de exclusión de Chernóbil tiene, 25 años después del accidente, un radio de 30 kilómetros.

En un reciente informe, elaborado en marzo, la Comisión Europea alertaba de que el reactor “no puede ser mejorado con condiciones económicas razonables para cumplir los actuales estándares de seguridad, por su específico diseño”. El reactor funciona, por lo tanto, sin garantías y, además, en una zona de terremotos. No obstante, no es exactamente un modelo gemelo del que estalló en Chernóbil, un RBMK, sino la versión más antigua de los VVER, los reactores de agua presurizada soviéticos. Se inauguró en 1980.

El ministro de Energía afirma que no se cerrará pese al aviso de Fukushima

“La UE ha tomado la firme decisión de que se debería cerrar lo antes posible”, concluía el documento de la Comisión. El Gobierno armenio, sin embargo, no lo tiene fácil para clausurar su cóctel de Chernóbil y Fukushima. En un país con 3,2 millones de habitantes, Metsamor produce el 40% de la electricidad. La nuclear, además, es estratégica para no depender por completo del gas ruso, con el que se produce el 25% de la electricidad.

En una entrevista con Armenian News a comienzos de abril, el ministro de Energía armenio, Armen Movsisyan, afirmó que su país no renunciará a la energía nuclear, ni siquiera después del desastre de la planta japonesa de Fukushima, provocado por un terremoto. La clausura llegaría, como pronto, en 2016. Hasta entonces, será un bolsillo roto para la UE. Entre 2008 y 2009, Bruselas puso más de 15 millones de euros para mejorar la seguridad de Metsamor.