Providencia: ‘perla negra’ del Caribe


Colombia y Nicaragua se disputan esta Reserva de la Biosfera por el petróleo

Uno de los últimos paraísos del planeta, el único que ha escapado al turismo masivo en el mar Caribe, se llama Providencia. Es una isla de 22 kilómetros cuadrados y apenas 5.000 habitantes, que conserva una prodigiosa biodiversidad y una población mestiza sedimentada por más de seis siglos de diferentes culturas. Pero Providencia se enfrenta hoy a graves riesgos para la supervivencia de sus ecosistemas.

Esta isla está situada mucho más cerca de Nicaragua (unos 240 kilómetros) que del territorio continental colombiano. Los nicaragüenses ambicionan la soberanía sobre su mar, cuya plataforma encierra una gran riqueza petrolera, en un contencioso que debe resolverse en La Haya en las próximas semanas.

El tribunal de La Haya resolverá en unas semanas el conflicto

El mar que circunda Providencia es de una belleza prodigiosa, con incontables gamas de azul, cuyas líneas de separación se perciben perfectamente hasta llegar al arrecife de coral de 33 kilómetros que protege la isla, el tercero en extensión del planeta. La plataforma que la rodea, de más de cien kilómetros cuadrados, permite bucear en aguas de entre cuatro y diez metros durante la mayor parte de su extensión, con formaciones coralinas que constituyen el mayor complejo de este tipo del Atlántico.

En la isla, salpicados de casas de madera multicolores con pilastras de coco, se encuentran los bosques secos mejor conservados del Caribe y de gran interés biogeográfico: plantas de origen centroamericano en las partes altas, y de las Indias Occidentales en las bajas, e importantes endemismos.

En ellos habita una fauna vistosa de reptiles, ninguno venenoso, entre los que destacan grandes lagartijas y una especie autóctona de iguana, la Rhinolopha. Además, sobrevuelan la isla cerca de sesenta especies migratorias y siempre están presentes los pelícanos y la espectacular fragata, una especie de gaviota negra de grandes dimensiones y con la cola en V, que hace nidada en el islote de Los Hermanos.

El arrecife de coral que protege la isla es el tercero del planeta

Riqueza estratégica

Este cayo, junto a los de Cangrejo, Serrana, Sucre, Roco, Quitasueño, Serranillo y Alicia, forma parte del entorno natural de Providencia y ha sido objeto históricamente de la voracidad de distintos países por su riqueza pesquera y estratégica. Y desde mediados del pasado siglo, además, por las riquezas de sus fondos submarinos. En 1969, Nicaragua concedió por su cuenta explotaciones de hidrocarburos en la plataforma submarina de los cayos a empresas estadounidenses, concesiones que Colombia considera ilegales y que podrían afectar gravemente al entorno de Providencia. La flota militar colombiana navega alerta por estas aguas a la espera de que los tribunales internacionales resuelvan los contenciosos de soberanía.

El otro gran riesgo para el paraíso de Providencia reside en las ambiciones de los grandes consorcios turísticos nacionales y multinacionales que, desde hace varios años han puesto la lupa sobre esta isla, cuyo aislamiento geográfico y estado primitivo la hacen especialmente apetecible como un lugar excepcional.

Las grandes cadenas hoteleras han puesto la lupa en la isla

Y es que Providencia carece de centros urbanos. Hay varios caseríos de los que el más importante es Santa Isabel, donde está el ayuntamiento, y algunas tiendas y servicios públicos. El tráfico se reduce a una circunvalación que transcurre paralela al mar y algunos caminos que conducen a las playas de arena blanca que cubren el perímetro de la isla. Las actividades tradicionales de sus habitantes no están relacionadas con el turismo, y se desarrollan de forma que no alteran los ecosistemas. La pesca se practica de forma artesanal (nasas, buceo a pulmón, anzuelo) para pescar especialmente pargos, meros, chernas, caracoles y langostas. En cuanto a la agricultura, además de la de subsistencia, se recogen variedades silvestres como el mango, la guanábana, la guayaba, el aguacate, el pan de fruta y el noni (Morinda Citrofolia) que se ha puesto de moda en Colombia por sus propiedades presuntamente afrodisiacas.

Para el ecólogo de la Universidad Nacional Germán Márquez, autor de la propuesta para que el archipiélago fuera declarado en 1993 Reserva de la Biosfera por la Unesco, la explotación petrolífera y el turismo masivo y desordenado acabaría con los valores ecológicos que hacen de Providencia uno de los lugares más privilegiados del planeta: “El futuro está en un turismo ecológico, científico y educativo, sin crear nuevas infraestructuras y potenciando las ya existentes”, explica.

El cangrejo que para el tráfico

Un ejemplo del especial cuidado que ponen los habitantes locales (raizales) en el cuidado de su isla es Santa Catalina, un islote de apenas un kilómetro cuadrado que los piratas separaron de Providencia mediante un canal artificial de 200 metros que hoy ha sido superado por un puente de madera que las une. Allí, el pirata Henry Morgan estableció sus fortificaciones en 1670, antes de partir para el saqueo de Panamá. Santa Catalina, habitada por unas 200 personas, está rodeada de manglares de gran valor ecológico y cuenta con grandes poblaciones de cangrejo negro, una variedad que durante el mes de abril baja de los bosques del archipiélago para poner sus huevos a la orilla del mar. Durante varios días se suspende el tráfico para permitir el paso de los cangrejos. Lo mismo sucede cuando las crías transitan el camino inverso.

A mediados de los 80, sin embargo, Providencia empezó a abrirse al turismo. Hoy, la masificación de la mayor parte del Caribe ha provocado que las grandes empresas hoteleras y constructoras planeen su desembarco en la isla. Y los habitantes de Providencia se han rebelado contra esta posible “invasión”.

Josefina Huffington es una de las líderes más destacadas de Providencia. Durante la visita del presidente Uribe a la isla, en uno de los últimos actos de su mandato, se sentó junto a él en la tribuna y reivindicó que se respeten la opinión y los planteamientos de los raizales. Huffington se opuso hace algunos años a la instalación de una multinacional hotelera. Tuvo éxito, pero, según explica, pagó el precio de que incendiaran su casa.

Otra representante cívica muy reconocida en la isla es Jennifer Archbold, de formación ecológica y dedicada a conseguir que en Providencia se ordene un turismo sostenible y de calidad, que no destruya el medio ambiente y esté en manos de los habitantes de la isla que hoy mantienen una red de alojamientos autóctonos y con personalidad nativa. Archbold se encuentra enfrentada a la privatización del agua, gestionada hasta ahora por una cooperativa de lugareños, y para lo que espera “lograr el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente” de Bogotá.

Los raizales quieren, en fin, controlar su propio futuro, sin presiones petrolíferas ni turísticas de por medio. “Se trata de atraer turistas que disfruten la naturaleza y la cultura sin cambiarlas”, remata Márquez.

www.publico.es

Entre ingleses, españoles y franceses

1629

La historia de la isla de Providencia es increíblemente rica y azarosa. Sin llegar a poblarla, los indios miskitos fueron explotadores de la isla, hasta que la colonizó en 1629 un grupo de puritanos británicos.

1641

Los colonos fueron expulsados en 1641 por España, y empezó una guerra con Inglaterra por la posesión de la isla.

1670

A finales de 1670 (antes de que España la reconquistara), Providencia fue ocupada por el pirata inglés Morgan, que la utilizó como base para sus hazañas. En el siglo XVIII pasó de nuevo a manos británicas, que puebla la isla con esclavos para la realización de actividades agrícolas.

1672

España vuelve a recuperar la posesión de Providencia en 1672. Desde este año pasa por diversas manos, incluidos los franceses.

1822

Providencia acaba formando parte de Colombia definitivamente en el año 1822. Estos cambios históricos de propiedad, a los que hay que añadir la entrada de jamaicanos y holandeses, han producido un especial mestizaje, hoy bien asentado, orgulloso y solidario (casi todos los isleños tienen lazos familiares), y también generoso y cálido con el visitante.

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