El lince no saldrá de la UCI antes de diez años


La población ha aumentado de 102 a 253 ejemplares desde 2002. Los expertos trabajan para rebajar el peligro crítico de extinción

Los obispos españoles llegaron a usar la imagen de un lince para denunciar que hasta el animal estaba más vigilado que la vida humana. La anécdota, sin entrar a valorar la comparación y obviando que el ejemplar que usaron no era ibérico, refleja el grado de protección de una especie que hace ocho años estaba a punto de desaparecer. Entonces quedaban sólo 102 ejemplares en Andalucía. Hoy, esa población ha aumentado hasta los 253, un 148% más, según los datos de la Consejería de Medio Ambiente. La previsión, en cuanto a su recuperación, no es menos optimista: antes de una década, entre cinco y ocho años, el lince ibérico saldrá del peligro crítico de extinción, según los cálculos de los responsables del programa de conservación de la especie.

Para rebajar esta categoría a la de peligro de extinción, la inmediatamente mejor, es necesario alcanzar un número determinado de hembras territoriales reproductoras, que miden el vigor biológico de la especie y de los núcleos poblacionales. “Esos objetivos pasan por conseguir al menos 50 hembras territoriales en Cardeña-Andújar (Jaén), frente a las 43 actuales; alcanzar las 25 en Doñana (ahora estamos en unas 20 o 21); tener al menos 15 en cada uno de los nuevos núcleos de reintroducción en Guadalmellato (Córdoba) y el nuevo que vamos a abrir en Guarrizas (Jaén), con todo lo que ello conlleva de machos y de cachorros”, explica el director del Programa de Conservación del Lince Ibérico, Miguel Ángel Simón, informa Rafael Villegas. A ello hay que sumar los procesos previstos de reintroducción en Portugal, Extremadura y Castilla-La Mancha.

La prioridad es la reintroducción en Portugal y otras comunidades

Camino de curvas

La tarea no es nada fácil. El propio consejero de Medio Ambiente, José Juan Díaz Trillo, anunció los buenos datos esta semana en Córdoba con cautela. El camino ha estado y continúa estando lleno de curvas: los atropellos, la caza furtiva o las infecciones se han llevado por delante a decenas de ejemplares.

Uno de ellos, Caribú, liberado en Doñana en 2008 para aumentar la variabilidad genética, fue hallado muerto el pasado 18 septiembre. La causa, según la necropsia, fue una infección bacteriana que pudo haber contraído al consumir roedores infectados o agua contaminada. Sólo este año han muerto ocho linces silvestres en Doñana. El último falleció hace dos días, atropellado en la carretera nacional 442, entre Huelva y Mazagón.

“El nuevo programa no se ha consultado a los científicos”, critica Delibes

Por si no fuera suficiente, una enfermedad renal causada, según las primeras sospechas, por un suplemento vitamínico que se añade a los conejos utilizados para alimentar a los linces, ha afectado a una tercera parte de las 76 crías en cautividad. Hay una investigación abierta para depurar responsabilidades.

Los posibles fallos

Si se evitaran estos obstáculos, ¿la recuperación del lince sería más rápida? ¿En qué fallan los programas de conservación? El nuevo proyecto Life, con un presupuesto de 50 millones, duplica la cantidad del anterior. ¿Se usa bien esa financiación? Ecologistas y científicos muestran reticencias. “No conozco los detalles del programa, ya que no se ha consultado a la comunidad científica”, dice Miguel Delibes de Castro, biólogo del CSIC. “Tenemos bastante experiencia en el tema y hay que aunar esfuerzos, a unos nos toca investigar y a la Administración, las tareas de conservación”, añade.

«No se puede pedir dinero para que mueran a tiros», dicen los ecologistas

Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción Huelva, considera “inadmisible” recibir tanta inversión y “permitir” que sigan muriendo ejemplares atropellados y a balazos. El mismo fin de semana que murió Caribú, fue localizado también el cadáver de Esponja, una hembra de lince nacida en 2008 en Doñana. La autopsia reveló que había muerto por 12 disparos.

“En Doñana están destrozando parte de sus hábitats. No se puede destrozar el monte mediterráneo. Se debería invertir en los corredores ecológicos y recuperar los cauces de los ríos, que permitan abrir al lince un camino natural que no le oblique a pasar por el asfalto”, insiste Romero. Delibes incide en la misma idea: “Hay que evitar asfaltar caminos rurales y repoblar el lince en zonas de mayor extensión”.

La Junta confía en los avances: “Hay que ser positivos porque los planes están aumentando las poblaciones y la sociedad está cada vez más concienciada”, concluye Javier Madrid, director general de Gestión del Medio Natural.

www.publico.es

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