Mueren 56 ballenas piloto varadas en Nueva Zelanda


Sólo 24 de los 80 ejemplares que quedaron varados en una playa de la Isla Norte de Nueva Zelanda han podido salvarse

La mayoría de ballenas que quedaron varadas este miércoles en una playa de la Isla Norte de Nueva Zelanda han muerto a pesar de los esfuerzos de voluntarios y expertos que esperarán al viernes a primera hora para reflotar a las supervivientes.

De los cerca de 80 ejemplares varados quedan sólo con vida unos 24, según dijo la portavoz del departamento de Conservación de Nueva Zelanda, Carolyn Smith, a la agencia australiana AAP.

Los cetáceos, que han recibido los cuidados de los voluntarios, quedaron varados en la playa remota de Spirits Bay donde ya muerieron otras 101 ballenas piloto en 2007. Además, en agosto sólo 9 ballenas de un grupo de 58 pudieron ser rescatadas de otra playa donde en diciembre murieron 126 asfixiadas tras quedar varadas.

Los científicos desconocen la razón por la que algunas especies de ballenas acaban sus días en las playas, y barajan la posibilidad de que acudan atraídas por los sonares de grandes buques o que sigan a un cabeza de grupo desorientado por enfermedad.

Los radares de los grandes barcos desorientan a este tipo de animales

 

Las aguas de Nueva Zelanda forman parte de la ruta que hacen las ballenas que se dirigen o proceden de la Antártida, y en septiembre inician el viaje de retorno hacia aguas más frías. La ballena piloto, también llamada Calderón común, es un cetáceo de frente abombada y cuerpo robusto que puede alcanzar seis o siete metros de longitud.

Un mes trágico
Sin embargo, no sólo en Nueva Zelanda se puede ver episodios tan trágicos para el mundo animal. El pasado día 18 de septiembre una cría de ballena franca moría en Brasil al chocar con un barco. El animal fue hallado en la playa de Campo Bom con marcas de la colisión, que produjeron su muerte antes de quedar tendida en la orilla.

También en Brasil fallecía otra ballena del mismo tipo al sur del país después de estar dos días varada en la playa y pese a los esfuerzos de los voluntarios y expertos. El cetáceo, de unos 15 metros de longitud y 40 toneladas de peso, se encontraba demasiado débil para aguantar con vida.

Hace menos tiempo, el pasado día 21 de septiembre otra ballena perecía en la bahía de San Francisco, en Estados Unidos, en un caso calificado de misterioso por los científicos, que no pudieron identificar la especie de cetáceo que se trataba.

Al parecer, este ejemplar se encontraba muy descompuesto y contaba con numerosas mordeduras de tiburón blanco, así como una gran raja en su espalda, probablemente provocada por la hélice de un barco, según los expertos. El estado en el que se encontraba el animal impidió a las autoridades determinar la causa de su muerte.

www.publico.es

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