Sistemas destructivos de pesca


Su uso pone en peligro el futuro de las especies comerciales y causa graves daños a otros seres vivos y a los ecosistemas marinos

A mediados de siglo comer pescado será imposible si no cambia la situación, a tenor de los estudios científicos que señalan la sobreexplotación de las especies comerciales. La utilización de sistemas destructivos de pesca es una de las principales razones. Estas técnicas son diversas, como las redes de arrastre, el cianuro o la dinamita. Además de poner en peligro a las especies comerciales, provocan daños a otras, que caen como víctimas accidentales, y en los hábitats marinos delicados, como los arrecifes de coral o las praderas submarinas.

Hay redes de muchos tipos, si bien las de arrastre son unas de las más dañinas. En forma de saco, se colocan en la parte trasera del barco y cubren grandes áreas del fondo. La red se lleva todo a su paso, incluidas especies no deseadas, algunas de ellas en peligro de extinción, que son descartadas al mar muertas o en mal estado. Según un informe de varias ONG conservacionistas, como UICN y WWF, es la principal amenaza para los ecosistemas sensibles y la biodiversidad de las profundidades marinas, aunque sólo aporte el 0,5% del valor de la pesca mundial.

Ilegales, pero todavía en uso: algunas llegan a los 20 kilómetros de largo. Las redes de deriva se concibieron para capturar especies pelágicas comerciales como atún y pez espada. Pero las “cortinas de la muerte” son un arte de pesca insostenible y no selectivo que cada año causa la muerte accidental de unos 10.000 cetáceos y miles de tortugas y tiburones en el Mediterráneo

Estas redes no se utilizaban en arrecifes y zonas rocosas para evitar que se engancharan o se rompieran. Sin embargo, a partir de los años 80, las flotas arrastreras utilizan redes de profundidad capaces de llegar a todo tipo de fondos, y hasta 2.000 metros bajo el mar, gracias a nuevos sistemas tecnológicos. Por ello, los daños en fondos marinos sensibles se han incrementado en todo el mundo, como han señalado varios estudios. En España, el proyecto “Deep Coral” del CSIC ha puesto en evidencia la destrucción de gran parte de las praderas submarinas y los arrecifes de coral de agua fría.

Las redes de deriva, también conocidas como “cortinas de la muerte” por su forma y sus efectos, pueden llegar a los 20 metros de profundidad. En principio, se las utiliza para pescar delfines y otras grandes especies pelágicas, pero capturan cualquier clase de ser vivo con el tamaño suficiente. Su generalización ha reducido de manera ostensible el número de varias especies de cetáceos y ha llevado al borde de la extinción a seres como la marsopa. Por ello, la ONU limitó en 1992 este sistema para que no se utilizara a gran escala y, años después, diversos organismos internacionales han ampliado esta medida. En el Mediterráneo, está prohibido cualquier tipo de red de deriva. Sin embargo, varias asociaciones ecologistas han denunciado que algunas flotas pesqueras las utilizan todavía en el Mare Nostrum.

Las redes de enmalle se sujetan al fondo marino con un peso (también hay una versión de deriva) y se elevan hacia la superficie en forma de grandes paredes cuadradas. Al igual que las anteriores, no es una pesca selectiva, ya que cualquier tipo de pez puede entrar en su interior y quedar atrapado en su malla. De manera similar, las redes de cerco son una larga pared de redes con flotadores en su parte superior. En la parte inferior, se colocan plomadas y anillos con cabos para cerrar la red.

Además del citado problema del descarte, este tipo de redes provocan la denominada “pesca fantasma”. Cuando estos sistemas se dañan o se abandonan y acaban en el mar, todavía capturan especies como cetáceos o tortugas, que sufren una lenta y agónica muerte.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) asegura que unos 100.000 mamíferos marinos y más de un millón de aves marinas mueren cada año por estrangulamiento o ingesta de este tipo de materiales de pesca en todo el mundo. El estudio afirma que su número va en aumento y ya suponen alrededor de un 10% (640.000 toneladas) de los residuos marinos. En cuanto a España, el informe estima que en el Cantábrico se pueden extraviar más de 6.000 redes cada año, mientras que en el Mediterráneo se vierten entre 2.637 y 3.342 toneladas de materiales de pesca.

Cianuro
La pesca fantasma mata unos 100.000 mamíferos marinos y más de un millón de aves marinas cada año
El cianuro de sodio aturde a los peces pero no los mata. Su uso es sencillo: se introduce en una botella con vaporizador, se bucea en busca de peces y se les echa en la cara. Esta práctica comenzó a utilizarse en la década de los 60 en Filipinas para el mercado de los acuarios. En los 80 se amplió su uso para los restaurantes de Hong Kong, Singapur y China. Con esta técnica, un pescador filipino puede ganar cinco veces más si el ejemplar está vivo y pasar de dos capturas diarias con anzuelo a docenas, con el cianuro.

Sus efectos son muy dañinos. Las primeras zonas en emplear este sistema han agotado sus recursos (se comercializan unas 20.000 toneladas anuales con este sistema). Además, el cianuro daña el coral y las algas. Se estima que por cada pez capturado, se mata un metro cuadrado de coral. Por ello, el cianuro se ha ilegalizado en Filipinas, pero las organizaciones conservacionistas han denunciado que todavía se utiliza.

Explosivos
El uso de cartuchos de dinamita o cualquier otro tipo de explosivo capaz de detonar en el agua mata a los peces, que llegan a las manos de los pescadores de manera rápida y fácil. Este sistema destruye también el fondo marino y se cree que ha dañado buena parte de los arrecifes de coral del sureste asiático en las últimas décadas.

En España se ha utilizado para pescar sardinas y, aunque se ha prohibido, se cree que todavía se usa de forma ilegal. En 2007 se capturó en Galicia a varios propietarios de dos barcos acusados de utilizar dinamita. También ese año, la Comisión Europea solicitaba a España más información sobre el uso de este explosivo por parte de algunos barcos dedicados a pesca de cerco.

Palangres
Este equipo es un cordel, que puede llegar a varios kilómetros de largo, con anzuelos cebados a intervalos fijos que se dejan en el agua durante muchas horas. Sus principales objetivos son el bacalao, la merluza y el pez espada, pero el cebo atrae a toda clase de peces. Se estima que el palangre provoca más del 50% de descartes de seres como aves marinas o tortugas.

Trampas
Pequeñas jaulas instaladas en el fondo con un cordel y una boya para marcar su ubicación en la superficie. Se utiliza para capturar peces y crustáceos, y también contribuyen a la pesca de descarte y a la fantasma, cuando quedan atrapados otros tipos de ejemplares.

Fuente www.consumer.es

El viaje de un tiburón blanco

Documental que narra el increíble viaje de una hembra de tiburón blanco. El gran tiburón blanco se encuentra en la cúspide de la cadena alimenticia marina, pero esta fascinante criatura no está exenta de los peligros del mar (orcas, anzuelos, redes a la deriva, pesca masiva…)

 

La sexta fase de extinción. ¿Nos encontramos realmente ante esta faceta de crisis? PLANETA TIERRA: EL FUTURO presenta imágenes de la gacela de Mongolia en su última migración espectacular en tierras asiáticas. ¿Por qué no se consiguieron grabar también imágenes del antílope saiga como se hizo hace 15 años para otra espectacular serie? La respuesta es porque el saiga se encuentra en serio peligro de extinción. Martyn Colbeck y el experto en antílopes saiga, Dr. Milner-Gulland, explican el por qué en este programa. También descubrimos que existe otro grave problema en las tierras altas de Etiopía, en donde la población ha usurpado las montañas, forzando a las especies a huir hacia los picos restantes. Por otra parte, los osos polares que intentaban cazar a una morsa en otro episodio de Planeta Tierra, se sienten hambrientos. Ello se debe a que el clima caldeado está reduciendo los islotes de hielo en los que los osos polares cazaban habitualmente a las focas. ¿Pero existe realmente un problema? Ahmed Djoghlaf, secretario ejecutivo del grupo de las Naciones Unidas sobre diversidad biológica, nos explica el índice de extinción. El líder de la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Riqueza y los Recursos Naturales), sin embargo, argumenta que no tenemos una idea muy clara de cuántas especies realmente existen. Por último, veremos cómo la contribución del profesor Edward Wilson radica en la importancia de los insectos. ¿Cómo seleccionamos a las especies que realmente queremos mantener?, ¿por qué debemos hacer lo imposible para salvar a una especie en peligro de extinción?, ¿por qué debemos salvar al oso panda? Este episodio contesta a todas estas preguntas gracias a la intervención de reconocidos expertos sobre el tema

¿Cuánto terreno permanece en estado puro y salvaje? Russell Mittermeier, de la institución de Conservación Internacional, asegura que en el planeta todavía existe un 40% de terreno en estado puro y salvaje. ¿Pero puede este porcentaje garantizar un entorno seguro para algunos animales como por ejemplo los elefantes presentados en Planeta Tierra? ¿Cuánto territorio puro y salvaje necesitamos y con qué rapidez está desapareciendo? Los bosques de Bialowieza de Polonia, los últimos de Europa, están dejando de existir a marchas forzadas. ¿Qué los amenaza? Este episodio discute el problema del incremento de la población humana a la vez que descubre cómo un número reducido de personas o corporaciones, está generando un enorme impacto en lugares como la tundra ártica y el desierto de Gobi. Pero… ¿por qué el territorio en estado puro y salvaje es tan importante?, ¿qué es lo que hace por nosotros? James Lovelock y Jonathan Porritt contestarán a estas preguntas. Aún cuando no hay gente alrededor, el territorio en estado puro y salvaje cambia por los efectos climáticos. ¿Cómo podemos asegurar nuestra propia supervivencia y la del territorio que nos rodea? Todo indica que probablemente nos tendremos que involucrar.

Actualmente, el mundo de la conservación está pasando por una etapa de reflexión y reorganización de ideas. Ha llegado el momento de pensar cómo seguir adelante, sobre todo teniendo en mente el incremento poblacional que sufrirá el planeta próximamente. Este episodio presenta imágenes sorprendentes de las ballenas jorobadas, una exitosa historia de conservación y lucha. Las campañas “Salvar al panda”, “Salvar a las ballenas” y “Salvar la selva” también nos resultan muy familiares, pero… ¿se ha conseguido algo gracias a ellas? El programa también analiza los errores del pasado. Así, por ejemplo, imágenes de archivo de la BBC muestran cómo en el Parque Nacional de Nairobi se excluía a los nativos de los proyectos de conservación. Hoy en día, sin embargo, todos ellos son considerados y tenidos en cuenta. Detrás de las estrellas de Planeta Tierra, como por ejemplo el leopardo de las nieves, se esconden proyectos que benefician a la población local brindándoles un medio para subsistir. ¿Cómo puede encajar la conservación en un mundo dominado por la economía y el desarrollo?, ¿en qué punto el eco-turismo cruza el límite de lograr un beneficio real para la vida salvaje? Finalmente, este episodio analiza el papel que desempeñan las religiones a la hora de promover un acercamiento moral y ético a nuestro mundo. El Arzobispo de Canterbury tendrá que contestar a la pregunta de si debemos reconsiderar nuestra actitud en relación con el mundo natural.

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