Las emisiones de CO2 bajaron un 6,5% en 2008 debido a la crisis


CCOO destaca que a pesar del descenso España sigue siendo el país industrializado más alejado del cumplimiento de Kioto

Las emisiones de gases de efecto invernadero en España disminuyeron en 2008 un 6,5% respecto al ejercicio anterior, debido en buena parte a la crisis económica que ha provocado una moderación en el consumo de electricidad y en el uso del vehículo privado y del transporte de mercancías.

Los dados han sido facilitados hoy por el sindicato Comisiones Obreras y la representación española de la revista World Watch, cuyos responsables han apuntado que a pesar de este descenso, el mayor desde 1990, las emisiones en España se sitúan un 42,7% por encima de las de aquel año, utilizando como referencia en el Protocolo de Kioto de lucha contra el cambio climático.

El secretario de Medio Ambiente de CCOO, Llorenç Serrano, ha reconocido que más allá de la actual coyuntura económica, el descenso de la emisiones se debe también en parte a los cambios que se han producido en el “mix” de generación eléctrica.

En este sentido, el director de la edición española de World Watch, José Santamarta, ha destacado la disminución del uso del carbón para la generación eléctrica -cayó casi un 34%- y la contribución de las energías renovables.

Las energías limpias, sobre todo la eólica, cubrieron el 20% de la generación de electricidad, casi cinco puntos por encima de lo que aportó la nuclear, y evitaron la emisión a la atmósfera de veinte millones de toneladas de dióxido de carbono.

El descenso de la producción de electricidad con carbón se debe, según CCOO, al aumento de los precios de esta materia prima y del CO2 en los primeros meses del año, aunque también a los planes nacionales de asignación de emisiones, más restrictivos.

España no hace los deberes en Medio Ambiente

A pesar del importante descenso de las emisiones el pasado año, Serrano ha subrayado que España sigue siendo el país industrializado donde más han aumentado y el que está más alejado del cumplimiento de Kioto.

Sigue siendo el país industrializado más alejado del cumplimiento de Kioto

Este Protocolo implica para España que el promedio de las emisiones en el periodo 2008-2012 no puede superar en más del 15% las del año 1990.

Para cumplir este acuerdo, el Gobierno español contempla un aumento de emisiones del 37%, de forma que los 22 puntos por encima del 15 por ciento permitido serían adquiridos mediante la mejora de la gestión de los sumideros forestales y la compra de derechos de emisión a través de los mecanismos de desarrollo limpio, que supondrá “un importante desembolso económico”.

Serrano ha recordado que cuanto más reduzca España sus emisiones por debajo del 37% más contribuirá a la mitigación del cambio climático y menos costoso será el cumplimiento de Kioto.

Crecer sin contaminar

Por ello, ha pedido políticas públicas más ambiciosas que las puestas en marcha hasta ahora, que permitan una salida rápida de la crisis “y con buen pie”, para que la reactivación económica no vaya acompañada de un repunte en las emisiones.

La reducción de emisiones en el sector del transporte se debe sobre todo al aumento de los precios de los combustibles y a la reducción de los desplazamientos laborales y de mercancías en el último periodo del año…[]

www.publico.es

Innovar copiando a la Naturaleza
 
Con casi 4.000 millones de años de experiencia, la vida y los organismos del planeta son un excelente modelo a imitar en el desarrollo de nuestra tecnología. Eduardo Punset charla con Janine Benyus, autora del libro Biomimicry: Innovation Inspired by Nature, presidenta del Instituto de Biomimética y una de los coordinadores del proyecto Natures 100 Best Technologies.

Scientific American publica este interesante artículo sobre una nueva técnica con la que convertir el 90% de las emisiones de CO2 de las fábricas en algo útil: cemento. El proceso imita al de los corales al crear sus conchas y arrecifes.

Biocarbón, ¿la solución para el cambio climático?

Sus defensores afirman que absorbería el CO2 extra de la atmósfera, produciría bioenergía y frenaría la deforestación

El biocarbón podría utilizarse para enterrar durante miles de años el dióxido de carbono (CO2), causante del efecto invernadero, producir energía, aumentar las cosechas gracias a su poder fertilizante y frenar la deforestación. Así lo presentan sus impulsores, que pretenden por ello que se invierta en su producción y uso a gran escala. Sin embargo, diversos expertos destacan la falta de pruebas concluyentes y señalan intereses económicos al respecto.

El biocarbón es una especie de grano fino de carbón producido a partir de la quema de biomasa o de residuos orgánicos, como virutas de madera, restos de cosechas o estiércol. Según sus defensores, sus aplicaciones podrían ser muy valiosas para combatir algunos de los mayores problemas medioambientales actuales, como el cambio climático, la energía, la producción de alimentos o la deforestación.

En este sentido, aseguran que su proceso de producción contribuye a una doble reducción de emisiones de CO2. Por un lado, permite la producción de bioenergía que puede transformarse en electricidad, así como en etanol y metanol, unos alcoholes con múltiples aplicaciones, entre ellos su conversión en combustible. Por ello, con su utilización se evitaría la emisión de CO2 de los combustibles fósiles, además de aprovechar los residuos de los que se nutre y que de otra forma acabarían descomponiéndose y devolviendo el CO2 a la atmósfera.

Johannes Lehmann, de la Universidad de Cornell, estima que sería posible fijar con el biocarbón 9.500 millones de toneladas de CO2 al año
Por otro lado, su estructura porosa es ideal para atrapar nutrientes y microorganismos beneficiosos que pueden ayudar a las plantas a crecer. Gracias a su uso como fertilizante también se estaría “secuestrando” bajo tierra el CO2 y otros gases de efecto invernadero, como óxido nitroso o metano: los árboles utilizados como materia prima absorben este gas de efecto invernadero, de manera que al transformarlos en abono se enterraría también todo ese gas.

Por ello, cada vez son más las iniciativas que proponen aprovechar las cualidades de este producto. Recientemente, Chris Turney, profesor de geografía de la Universidad británica de Exeter, daba a conocer un sistema que utilizaría hornos microondas gigantes para transformar la madera en biocarbón. Según este experto, al enterrar todo el material producido a gran escala se podría evitar la emisión a la atmósfera de miles de millones de toneladas de CO2. Para ello, se tendrían que replantar grandes zonas con árboles para cubrir su producción, lo que de paso supondría una medida importante de reforestación. Por el momento, Turney ha construido un prototipo de cinco metros de largo que salva una tonelada de CO2 por 65 dólares. Asimismo, ha puesto en marcha una empresa, Carbonscape, con la que planea la siguiente generación de su máquina.

Por su parte, científicos conocidos internacionalmente como James Lovelock, autor de la teoría Gaia, y James Hansen, responsable del Instituto Goddard de la NASA y uno de los primeros expertos en señalar el calentamiento global, han resaltado las posibilidades del biocarbón. Asimismo, Tim Lenton, climatólogo de la Universidad británica de East Anglia, ha calculado que para 2100 una cuarta parte de las emisiones de CO2 producidas por el ser humano podrían ser secuestradas con la producción de biocarbón a partir de residuos orgánicos. Johannes Lehmann, de la Universidad estadounidense de Cornell, estima que sería posible fijar con el biocarbón 9.500 millones de toneladas de CO2 al año (la producción global de CO2 a partir de combustibles fósiles es de 8.500 millones de toneladas anuales).

Críticas al biocarbón

Almuth Ernsting, experta de Biofuelwatch, una iniciativa británica crítica con los biocombustibles, destaca la creciente influencia de la Iniciativa Internacional Biochar (IBI en sus siglas en inglés) a nivel internacional. El año pasado, esta organización reunía a las principales empresas y expertos que defienden su uso, como el científico Tim Flannery, nombrado en 2007 australiano del año.

Ernsting considera que la IBI podría conseguir que la próxima Convención sobre Cambio Climático de Naciones Unidas, prevista para diciembre de 2009 en Copenhague, aprobase formalmente el biocarbón como un Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) para el período posterior a 2012.

Si las empresas de biocarbón pudieran ganar dinero mediante fertilizantes patentados y la obtención de créditos de carbono despegarían rápidamente
En tal caso, sostiene Ernsting, si estas industrias, entre las que cita a empresas como Best Energies, Eprida, Dynamotive y Biomass Energy and Carbon, pudieran ganar dinero mediante fertilizantes patentados y la obtención de créditos de carbono, “despegarían muy rápidamente”.

No obstante, en la actualidad, los apoyos internacionales a estas empresas son más bien puntuales: tan sólo hay un programa de investigación en Estados Unidos que ofrece subvenciones para iniciativas con biocarbón, y en Australia y Nueva Zelanda se han introducido proyectos de biocarbón en sus planes de acción contra el cambio climático.

En cualquier caso, la experta de Biofuelwatch asegura que la generalización del biocarbón no sería una buena idea, dado que no se ha demostrado que sea capaz de secuestrar CO2 o de aumentar por sí mismo la fertilidad de los suelos.

Otros expertos, si bien se muestran a favor del biocarbón, consideran que sus impulsores son demasiado optimistas sobre sus posibilidades. El propio James Hansen, junto a su compañero del Instituto Goddard, Pushker Kharecha, publicaban recientemente un artículo para aclarar que sus estudios se han malinterpretado, y por lo tanto, su apoyo al biocarbón se ha exagerado. Los dos investigadores explican que si bien el biocarbón es una opción para mitigar las emisiones de CO2, “no se trata de una panacea” y todavía presenta “incertidumbres fundamentales”.

En concreto, Hansen y Kharecha consideran que el biocarbón proporcionaría sólo una pequeña parte del uso de la tierra relacionado con la reducción de CO2, mientras que la reforestación y la reducción de la deforestación serían mucho más determinantes, lo que no implicaría que las plantaciones debieran destinarse específicamente al biocarbón…[]

Fuente www.consumer.es

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