NASA Landsat Image Mosaic of Antarctica


Un nuevo mapa de la Antartida en 3 dimensiones ha sido trazado por Landsat.

Los LandSat son una serie de satélites construidos y puestos en órbita por EE. UU. para la observación en alta resolución de la superficie terrestre.

Los LandSat orbitan alrededor de la Tierra en órbita circular heliosincrónica, a 705 km de altura, con una inclinación de 98.2º respecto del Ecuador y un período de 99 minutos. La órbita de los satélites está diseñada de tal modo que cada vez que éstos cruzan el Ecuador lo hacen de Norte a Sur entre las 10:00 y las 10:15 de la mañana hora local. Los LandSat están equipados con instrumentos específicos para la teledetección multiespectral.

 antartida-landsat-1

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El primer satélite LandSat (en principio denominado ERTS-1) fue lanzado el 23 de julio de 1972. El último de la serie es el LandSat 7, puesto en órbita en 1999, y es capaz de conseguir una resolución espacial de 15 metros.

 

En el año 2004 está plenamente operativo el LandSat 7. Los cuatro primeros satélites se encuentran fuera de servicio.

Fuente
http://lima.nasa.gov/
wikipedia.org

De aspecto compacto, forma redondeada y completamente nevado o helado, el continente antártico ha sido imaginado siempre como un ente prácticamente imperturbable, allá en las lejanías del Polo Sur. Los estudios más audaces consideraban que, ciertamente, era posible que el hielo que recubre la Antártida se redujera, y siempre insistían en que ello sucedería con notable lentitud. Tanta, que los catastróficos resultados que de tal fenómeno se derivarían (el principal, una importante subida del nivel del mar en el planeta), deberían ocurrir en un plazo de cientos -cuando no de miles de años-, lo que, evidentemente, los situaba fuera del alcance de nuestras vidas. Dicho en otras palabras, nunca deberíamos preocuparnos demasiado por tal hipótesis, porque nunca seríamos víctimas de sus efectos. Pero las cosas han cambiado. El cambio climático planetario, impulsado por el notable calentamiento de la atmósfera y de los mares de la Tierra, está afectando de manera seria al continente antártico. Tanto que numerosas plataformas de hielo se han desprendido de las orillas antárticas o, simplemente, se han descongelado. Y tras el deshielo de varias de las plataformas, el calentamiento global amenaza seriamente a la porción menos compacta del propio continente: a la Antártida Occidental.

El Continente

Una superficie en dos partes. El continente antártico tiene una superficie de unos 14 millones de kilómetros cuadrados (que llega a duplicarse en invierno merced al crecimiento del hielo sobre el mar). Se le divide en Antártida Occidental y Antártida Oriental. Esta última resulta, en esencia, el verdadero continente antártico, pues bajo su espesa capa de hielo aparecen formaciones rocosas que se extienden por encima del nivel del mar (o sea que, en caso de un total deshielo antártico, quedaría emergiendo de los mares una extensión de suelo rocoso que justifica la existencia de una placa continental).

En cambio, la Antártida Occidental, que se extiende sobre una superficie que ronda un tercio del total antártico, y que se ubica entre el sur de América del Sur y el sureste de Nueva Zelanda, no puede considerarse, realmente, como un continente pues, si desapareciera la capa de hielo que actualmente lo recubre, obtendríamos un conglomerado de islas de mayor o menor extensión, dado que el sustrato rocoso sobre el que el hielo se extiende hoy en día se ubica en buena parte bajo el nivel del mar (en diversas ocasiones, a entre 1.000 y 2.000 metros bajo el nivel marino).

Ambas partes de la Antártida se encuentran separadas por la importante formación montañosa que supone la Cordillera Transantártica, que se extiende desde el sur de la Plataforma de Ronne hasta el sur de la Plataforma de Ross, y que cuenta con picos de más de 4.000 metros de altitud. El espesor del hielo en la Antártica Occidental alcanza un máximo de nada menos que 4.335 metros en la Tierra de Marie Byrd. Bajo esta descomunal capa helada, el suelo marino se sitúa a 2.536 metros bajo el nivel del mar.

LA ÚLTIMA GLACIACIÓN

Frente de hielo en retroceso

La última glaciación -la de Würm (en Estados Unidos, de Wisconsin), que mantuvo al planeta con temperaturas notablemente más bajas que las que conocemos hoy en día- alcanzó su máximo hace 20.000 años y terminó hace unos 12.000. Desde entonces, las temperaturas han ido subiendo en el conjunto de la Tierra, aunque no a un ritmo uniforme, sino mostrando altibajos y con periodos en los que se advierten incluso nuevos enfriamientos globales. Tal progresivo calentamiento ha afectado, lógicamente, a la Antártida, que ha visto cómo su enorme masa helada se ha ido reduciendo.

Como ejemplo, la capa helada que recubre la Antártida Occidental tenía en otros tiempos un espesor que supone unas dos veces y media el que ahora mismo se mide (o sea, un espesor medio, en tiempos pasados, de 7.000 a 12.000 metros). La Barrera de Ross ha visto cómo su frente de hielo que descansa sobre suelo rocoso ha retrocedido 700 kilómetros en los últimos 7.000 años. Pero ha sido el fenómeno del cambio climático, generado por el agudizado y constante calentamiento planetario, quien ha venido a complicar las cosas.

Reservas de agua dulce

90% del hielo

Toda la Antártida contiene el 90% del hielo existente en el planeta y, con ello, las mayores reservas de agua dulce. Pero mientras que el formidable domo o cúpula helada de la Antártida Oriental se mantiene mayormente compacto, el hielo que recubre la Antártida Occidental se está reduciendo a un ritmo cada vez mayor.

Sabemos que la Antártida Occidental retiene ahora mismo un total de unos tres millones de kilómetros cúbicos de agua dulce que, en el supuesto de que se fundieran en su totalidad, provocarían una elevación del nivel marino planetario de unos cinco metros. Ello traería como inmediata consecuencia el que alrededor de 2.000 millones de habitantes del planeta deberían buscar refugio en tierras más elevadas a aquéllas en las que ahora viven. Este deshielo antártico, que ya se observa en variados lugares de aquellos confines, tiene su causa: desde 1950 las temperaturas han ido subiendo en la Antártida Occidental a un ritmo de 0,5 grados C por cada 10 años. Varios puntos de la Península Antártica (la extensión montañosa que se alarga al sur de Argentina y de Chile) están registrando, desde hace años, una temperatura media dos grados C más alta que a mediados del pasado siglo, y 5,5 en invierno, lo que resulta extraordinario (con máximas netas de 5 a 10 grados C en verano, lo que es igualmente inusual), claramente superior a las cifras medias obtenidas con anterioridad. Desde 2002, el hielo de toda la Antártida se está reduciendo a un ritmo medio de 152 kilómetros cúbicos por año (lo que una por simple operación matemática, nos da la cifra de 20.000 años para que, al ritmo actual -algo que se duda que se mantenga- toda la Antártida se deshiele).

Añadamos que en la Península Antártica han colapsado diez plataformas de hielo desde la década de 1990. Y que el 75% de los 400 glaciares de montaña que en ella existen se encuentran en franca retirada. Y que, más hacia el oeste, en el Mar de Amundsen (a medio camino entre la Península Antártica y la Barrera de Ross), los glaciares de Pine Island y de Twaites, que drenan los campos helados del inmediato interior continental, han acelerado su marcha hacia el mar, al mismo tiempo que están perdiendo un promedio de diez centímetros de espesor por año. Estos glaciares contribuyen a la subida del nivel marino planetario con 0,1 a 0,2 milímetros anuales, cifra que, aunque parezca ridícula, resulta importante. El deshielo de la Antártida está ya provocando un aumento del nivel marino planetario de hasta 0,4 milímetros cada año.

Seres vivos

El pingüino Adelia

El aumento de las temperaturas, que provoca el deshielo de las plataformas y una mayor aportación de hielo por parte de los glaciares hacia los mares que rodean a la Antártida, viene afectando ya a los seres vivos que habitan en aquellas latitudes. Así, en 2002 una importante población de pingüinos Adelia fue afectada por la ruptura de un extremo de la plataforma Ross, cerca de la base estadounidense MacMurdo. Entonces, un enorme trozo de hielo de 150 kilómetros de largo por 37 de ancho, conocido como B-15, se desjagó de tal plataforma y, tras situarse a la deriva durante varios meses, fue a encajarse nuevamente en la línea costera, dando como resultado una ampliación de la plataforma helada que conllevó el alejamiento del lugar de cría de los pingüinos (en tierra helada firme), del lugar de pesca que les sirve de manutención (el mar abierto). Porque, como resultado de este encajamiento contra la costa del iceberg B-15, el mar abierto quedó a 37 kilómetros del lugar en donde anidaban los pingüinos. Los pingüinos Adelia crían siguiendo un turno: cuando llega uno, el otro va al mar para reponerse, alimentándose de peces y otros animales marinos.

Cuando estos pingüinos Adelia se encontraron con que el mar no estaba “ahí”, donde siempre (al lado de su zona de cría), sino a 37 kilómetros más de distancia (la anchura del iceberg adosado a la antigua orilla), quedaron agotados antes de llegar al mar abierto, o después, para regresar a su zona de cría. Al no poder regresar a ésta, los pingüinos no pudieron criar en turnos, y los polluelos murieron en gran número (en un caso concreto, una población de 15.200 parejas se redujo a 9.200 en poco tiempo). Este es un fenómeno que se ha repetido en otros lugares de la Antártida, tanto por desaparición de las zonas de cría (por derretimiento o desaparición de las plataformas sobre las que anidaban), como por el alargamiento del camino hacia el mar, imprescindible para la alimentación de estas aves. Además del pingüino Adelia, un crustáceo esencial para alimentación de varias especies -el krill- encuentra igualmente dificultades para sobrevivir. El krill -una especie de gamba o quisquilla que mide un máximo de cinco centímetros- encontraba en los numerosos témpanos de hielo el refugio para mantenerse y para criar. Al disminuir el número de témpanos -por el aumento de la temperatura del agua-, se ha reducido igualmente la población de krill. Esta reducción afecta directamente a las ballenas, focas y pingüinos, que ven reducida su principal fuente de alimentación (una ballena azul normal consume más de 4 toneladas de krill al día).

El cambio climático

El joven Dryas

El Panel Internacional para el Cambio Climático (IPCC por su nombre en inglés), dependiente de la ONU, ha difundido en repetidas ocasiones que el cambio climático es un hecho, que el calentamiento planetario ya está en marcha, y que, a estas alturas, ya no hay forma de detenerlo. Así las cosas, el IPCC señala que el nivel del mar seguirá subiendo durante, al menos, 1.000 años “aunque ahora mismo dejáramos de expulsar a la atmósfera gases de efecto invernadero”, y ha modificado sus predicciones de niveles máximos de subida del nivel marino para este siglo desde los anteriores 21 a 47 centímetros al nuevo máximo de 97 centímetros (casi un metro). ¿Qué ocurrirá? Puede suceder de todo.

Con sólo un aumento de 3 grados C en la temperatura media del planeta (algo difícil, pero no tan improbable como hasta ahora se creía), se produciría la práctica desaparición de la Antártida Occidental, lo que conllevaría que el nivel de los océanos subiera esos cinco metros ya anunciados. Hay que recordar, a este respecto, el episodio del Joven Dryas. Se trató tal evento de un rápido enfriamiento del planeta que tuvo lugar hace unos 12.000 o 13.000 años, como resultado de una caída de la temperatura media de la Tierra de nada menos que cinco grados C en apenas unas décadas. El episodio pudo ser debido a un enlentecimiento de la Corriente Termohalina (gran cinturón transportador de aguas marinas que recorre todos los océanos del planeta salvo los glaciales norte y sur), y fue seguido por un aún más rápido aumento: hasta 7 grados C en menos de 10 años.

Fuente gomeranoticias.com

Video de la NASA , pero esta vez del Artico.

The 2009 Arctic sea ice maximum extent has just been reached. This is a measurement of the amount of sea ice covering the Arctic at the end of each winter. For the past several decades the maximum Arctic ice extent has been declining. Scientists monitor this vital element of our planet from space with a variety of different spacecraft that make global measurements in remote and treacherous locations not easily accessible from the ground.

NASAtelevision

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