El veneno para salvar cultivos o para cazar es una “bomba de matar” para las especies protegidas


Los más amenazados son aves carroñeras como el buitre negro, el águila imperial, el quebrantahuesos, el alimoche y el milano real, aunque también el oso pardo

La lucha contra la mortalidad de animales silvestres por envenenamiento -que afecta, en muchos casos, a especies protegidas- es muy desigual en el territorio nacional, lo que dificulta acabar con esta amenaza para la biodiversidad.

Las competencias en medio ambiente están en manos de las comunidades autónomas y, mientras algunas de ellas son muy activas en la materia, la mayoría no disponen ni siquiera de planes de acción específicos, a pesar de que el uso de veneno sin autorización está tipificado como delito en el Código Penal.

Las diferencias no solo se producen entre regiones; también se dan entre comarcas, provincias e, incluso, municipios.

Esta es una de las principales dificultades que existen para atajar el problema, según han coincidido el director del Laboratorio Forense de Vida Silvestre, Mauro Hernández, y el responsable de WWF/Adena en esta área, Carlos Cano.

Sin regulación estatal

“Lo que no es normal es que un buitre se muera en Andalucía o a dos metros, en Extremadura, y que la consecuencia sea que no pase nada, o que te puedan cerrar el coto o condenar”, se lamenta Hernández, que reclama uniformidad en las actuaciones.

Según explica Cano, “hay comunidades que están trabajando bastante bien, otras que empezaron hace unos años y lo han dejado y otras que están arrancando ahora”.

La escasez de datos impide realizar unas estadísticas fiables a nivel nacional y, por tanto, disponer de una radiografía objetiva del problema.

Los cebos envenenados son “bombas de matar” que afectan a animales silvestres hacia los que no van dirigidos, y aunque las cifras globales pueden haber disminuido, la mortalidad ha aumentado en algunas especies protegidas.

Los más amenazados son aves carroñeras como el buitre negro, el águila imperial, el quebrantahuesos, el alimoche y el milano real, aunque también el oso pardo.

Tradicionalmente ligada a la caza, esta práctica se ha extendido en la actualidad a otras actividades del medio rural para resolver conflictos con animales silvestres y la utilizan desde colmeneros para matar abejarucos, hasta agricultores para acabar con los jabalíes que producen daños a sus cultivos.

Envenenadores profesionales

Existe también una tendencia hacia la profesionalización de los envenenadores, “que son capaces de preparar un cebo que produzca la muerte retardada”, lo que facilita el alejamiento del animal del lugar donde ingiere el veneno y dificulta la identificación del culpable, explica Hernández.

Para Cano, “en conjunto, hay algo menos de veneno, pero al haber más vigilancia, afloran más casos” de envenenamiento, aunque hay comunidades que “están intentando taparlos y por eso no dan información”…[]

Via adn.es

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