Un horno para comprimir la chatarra radiactiva


La fusión de metales es un proceso industrial para el almacenaje

La explosión que sufrió ayer la planta de tratamiento de residuos de Centraco, en Gard, se produjo en un horno dedicado a la fusión de materiales de baja actividad radiactiva. Y sólo hay una razón para hacerlo: reducir su tamaño. Los países que deben lidiar con materiales radiactivos procedentes de la industria atómica, instrumental médico y material de laboratorio se esfuerzan por minimizar los problemas que pueda provocar esta basura tóxica. Y cuanto menos ocupe, mejor.

“Se trata de una técnica metalúrgica, de las más seguras que se han puesto en práctica, para reducir el tamaño de los residuos. Esto sirve para mejorar la gestión, el almacenamiento y la durabilidad de los desechos en el depósito”, explica el experto en energía nuclear del Ciemat Enrique González. El horno que ayer explotó suele dedicarse a fundir materiales que tienen presente el isótopo radiactivo cobalto-60, que se usa en radioterapia como tratamiento oncológico. Pero en ese tipo de hornos también se comprime todo tipo de metales (tuberías, planchas…) que formaron parte de una central desmantelada y contienen algo de contaminación. Este proceso no interviene de ninguna forma en el nivel de radiación que contiene la chatarra: “En ningún caso reduce la radiactividad, se mantiene constante”, asegura González.

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Imágenes del reactor número 1 de Fukushima


Tepco, la empresa que gestiona la central nuclear de Fukushima, ha hecho público un vídeo en el que aparecen por primera vez desde el 11 de marzo trabajadores en el interior del reactor número 1.

Vídeo inédito de la piscina del reactor 3 de Fukushima

Tepco ha hecho públicas este miércoles por primera vez imágenes de una de las piscinas en las que se almacena combustible nuclear gastado.

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Japón Catástrofe imprevista


Documental Japón: Catástrofe imprevista

La tragedia de Japón a través de nuevas imágenes y testimonios. Comprenda la dimensión de la física de este reciente cataclismo que estremeció el eje de la Tierra. Científicos examinan si la costa americana pudiera ser la próxima.

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Un reactor cerrado en la URSS por inseguro sigue funcionando


La UE pide el cierre de la central nuclear de Metsamor, con tecnología soviética y en una zona sísmica

El miércoles pasado, el primer ministro azerbaiyano, Artur Rasizade, hizo un dramático llamamiento a la comunidad internacional para cerrar una central nuclear, la armenia de Metsamor. La planta es un cóctel peligroso: tecnología soviética de hace 40 años, como Chernóbil, y un emplazamiento en una zona sísmica, como Fukushima. Y todo ello a 30 kilómetros de la capital armenia, Ereván.

Para Rasizade, esta central del país vecino es una “amenaza” para Azerbaiyán, Turquía, Georgia, Irán y Rusia, según denunció en una cumbre sobre el futuro de la energía nuclear en Kiev (Ucrania). La instalación atómica, recordó, ya dio un susto al mundo. El 7 de diciembre de 1988, un terremoto de magnitud 6,9 sacudió el norte de Armenia, entonces parte de la URSS. Unas 25.000 personas murieron cuando se vinieron abajo sus casas, construidas de cualquier manera durante el periodo de estancamiento económico bajo la dictadura de Leonid Brézhnev.

La planta atómica produce el 40% de la electricidad de Armenia

La central de Metsamor, a 75 kilómetros del epicentro, aguantó, pero en 1989 las autoridades decidieron no correr riesgos innecesarios y cerraron sus dos reactores. Pero el apagón no duró mucho tiempo.

Tras declarar su independencia, en 1991, Armenia entró en guerra con Azerbaiyán por el control del enclave de Nagorno Karabaj. Y, después de la guerra y del colapso de la URSS, Armenia, con una crisis energética galopante, puso la economía por delante de la seguridad y reabrió uno de los reactores de Metsamor. Desde entonces (1995), la central es un quebradero de cabeza para los países vecinos y para la UE, que la quieren ver cerrada. Turquía está a unos 15 kilómetros. La zona de exclusión de Chernóbil tiene, 25 años después del accidente, un radio de 30 kilómetros.

En un reciente informe, elaborado en marzo, la Comisión Europea alertaba de que el reactor “no puede ser mejorado con condiciones económicas razonables para cumplir los actuales estándares de seguridad, por su específico diseño”. El reactor funciona, por lo tanto, sin garantías y, además, en una zona de terremotos. No obstante, no es exactamente un modelo gemelo del que estalló en Chernóbil, un RBMK, sino la versión más antigua de los VVER, los reactores de agua presurizada soviéticos. Se inauguró en 1980.

El ministro de Energía afirma que no se cerrará pese al aviso de Fukushima

“La UE ha tomado la firme decisión de que se debería cerrar lo antes posible”, concluía el documento de la Comisión. El Gobierno armenio, sin embargo, no lo tiene fácil para clausurar su cóctel de Chernóbil y Fukushima. En un país con 3,2 millones de habitantes, Metsamor produce el 40% de la electricidad. La nuclear, además, es estratégica para no depender por completo del gas ruso, con el que se produce el 25% de la electricidad.

En una entrevista con Armenian News a comienzos de abril, el ministro de Energía armenio, Armen Movsisyan, afirmó que su país no renunciará a la energía nuclear, ni siquiera después del desastre de la planta japonesa de Fukushima, provocado por un terremoto. La clausura llegaría, como pronto, en 2016. Hasta entonces, será un bolsillo roto para la UE. Entre 2008 y 2009, Bruselas puso más de 15 millones de euros para mejorar la seguridad de Metsamor.

Se cumplen 25 años de la tragedia de Chernóbil


Son imágenes de hace veinticinco años. Era la una y veintitrés minutos de la madrugada en Ucrania, del 26 de abril de 1986, cuando estalló el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil, el peor accidente de la historia. Justo a esa hora, 25 años después, se ha celebrado una ceremonia de recuerdo a las víctimas en la Iglesia Ortodoxa de Kiev, la capital del país, a la que han asistido supervivientes del desastre y familiares.
La catástrofe cobra nueva relevancia estos días debido al accidente nuclear en Fukushima, Japón, que se produjo a raíz del terremoto y el tsunami del pasado 11 de marzo.

Tras la explosión ocurrida en 1986, llamas que se alzaron a lo largo de kilómetros lanzaron durante días partículas radiactivas al aire. La nube radiactiva se extendió sobre amplias zonas de Europa occidental. Hasta hoy los suelos están contaminados con sustancias radiactivas como el plutonio el cesio o el estroncio.

La radiación puede causar cáncer y otras enfermedades. En la zona de exclusión, los presidentes de Ucrania y Rusia, los países más afectados hasta la actualidad por la catástrofe, recordarán la gran cantidad de víctimas por la radiación y el cáncer, así como a los miles de trabajadores que realizaron las tareas de limpieza y de reducción de daños y estuvieron expuestos a la contaminación.

Según diferentes estimaciones, entre 10.000 y 100.000 personas murieron como consecuencia de la catástrofe. Sin embargo, pese al desastre, que fue ocultado durante días, estos países siguen apostando por la energía nuclear. Antes de su viaje a Kiev, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, declaró que es necesario hacer más seguras las centrales.

El bloque de reactores cubierto de forma provisional en Chernóbil amenaza con derrumbarse desde hace años, por ello se prevé colocarle encima un nuevo sarcófago cuyo coste se estima en 1.600 millones de euros. Bajo el actual, de acero y cemento, los expertos creen que hay aún 190 toneladas de material altamente radiactivo.

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Chernobil 25 Años despues

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Homenaje a las víctimas del accidente nuclear de Chernóbil en Ucrania

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Chernobyl “La noche del fin del mundo”

El ‘Hespérides’, un laboratorio flotante para tomar el pulso a los océanos


La jornada de trabajo científico en la campaña Malaspina, a bordo del buque oceanográfico Hespérides, arranca cada mañana a las 4.15, de noche, y hasta las tres de la tarde los científicos y técnicos, con la dotación del buque colaborando en las maniobras de cubierta, se afanan en los distintos muestreos que se van sucediendo perfectamente planeados. Se hace descender instrumentos de muestreo hasta 4.000 metros de profundidad, se despliegan distintas redes para capturar especímenes en superficie y a distintas alturas de la columna de agua, se peina la superficie del agua con un patín especial para sondear la vida oceánica justo en la capa de interacción con la atmósfera, se toma datos de parámetros químicos y físicos, de corrientes, temperatura, salinidad y composición del agua, la turbulencia, la radiación ultravioleta…

Mientras se desarrollan las operaciones de cubierta ya están trabajando los investigadores Y técnicos en los laboratorios de a bordo, procesando muestras Y ejecutando distintos experimentos. La labor es intensa y las jornadas de trabajo se alargan durante 15 a 17 horas cada día, una jornada tras otras, cruzando el océano. Día a día las muestras se van acumulando en los refrigeradores de a bordo ( de distintos rangos de temperatura, según las necesidades) y los datos se van acumulando en los ordenadores. Hasta ahora, a mitad de la campaña al Llegar a Sydney, se ha repetido toda la secuencia de operaciones de muestreo y toma de datos 78 veces. Cada día se generan de seis a ocho gigabytes de datos más una cantidad importante de información gráfica, y al final de los siete meses de la expedición se habrán acumulado unos 5.000 gigabytes.

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EE UU alerta de radiaciones “extremadamente altas” en la central nuclear de Fukushima


El Organismo Internacional de la Energia Atómica constata daños en tres reactores de la central.- Cuatro de los seis reactores de la planta atómica japonesa tienen problemas.- EE UU pide a sus ciudadanos que no se acerquen a menos de 80 kilómetros de la central

Las radiaciones en la central de Fukushima, seriamente dañada por el terremoto y el tsunami del pasado viernes, son “extremadamente altas” según la Autoridad de Regulación Nuclear de EE UU. El presidente de ese organismo, Gregory Jaczko, ha dicho en una comisión parlamentaria que hay “altos niveles de radiación” alrededor del reactor, lo que complica el trabajo de los operarios que trabajan allí. “Las dosis [de radiación] que podrían recibir pueden ser potencialmente letales en un breve periodo de tiempo”. Aunque hoy el el Organismo Internacional de Energía Atómica ha confirmado que los núcleos de los reactores 1, 2 y 3 de la central están dañados; la principal fuente de radiaciones ahora mismo está en el reactor 4, cuya piscina de residuos ha experimentado una bajada en el nivel de agua dejando al aire las barras de combustible usado, que son altamente contaminantes. EE UU ha pedido a sus ciudadanos que viven a menos de 80 kilómetros de la central que abandonen el área o eviten salir de casa; mientras Reino Unidos, siguiendo el ejemplo de Francia, ha dicho a sus nacionales que den plantearse la posibilidad de irse de Tokio, a 240 kilómetros de la planta de Fukushima I.

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