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Los peces mesopelágicos cambian los datos: la biomasa de peces en el océano es 10 veces superior a lo estimado


Con un stock estimado hasta ahora en 1.000 millones de toneladas, los peces mesopelágicos dominan la biomasa total de peces en el océano. Sin embargo, un equipo de investigadores con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que su abundancia podría ser al menos 10 veces superior. Los resultados, publicados en la revista Nature Communications, se basan en observaciones acústicas llevadas a cabo durante la circunnavegación de la expedición Malaspina.

Los peces mesopelágicos, como los peces linterna (Myctophidae) y los ciclotónidos (Gonostomatidae), viven en la zona de penumbra del océano, entre los 200 y los 1.000 metros de profundidad. Son los vertebrados más numerosos de la biosfera, pero también los grandes desconocidos del océano abierto, ya que existen lagunas en el conocimiento de su biología, ecología, adaptación y biomasa global.

Peces mesopelágicos capturados durante la expedición Malaspina./ CSIC
Peces mesopelágicos capturados durante la expedición Malaspina./ CSIC

Durante las 32.000 millas náuticas que recorrieron durante la circunnavegación, los científicos de Malaspina, un proyecto liderado por el investigador del CSIC Carlos Duarte, tomaron medidas entre los 40°N y los 40°S, desde los 200 a los 1.000 metros de profundidad, durante el día.

“Malaspina nos ha ofrecido una oportunidad única para evaluar el stock de peces mesopelágicos en el océano. Hasta ahora disponíamos sólo de los datos aportados por la pesca de arrastre. Recientemente se ha descubierto que estos peces son capaces de detectar las redes y huir, lo que convierte a la pesca de arrastre en una herramienta sesgada a la hora de contabilizar su biomasa”, explica Duarte.

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El 34% del océano es inaccesible a las especies que migran por causas climáticas


Por su capacidad para reorganizar los sistemas naturales, el cambio climático “es una de las mayores amenazas a la biodiversidad de este siglo, ya que compromete la integridad de los sistemas vivos”. Esta y otras conclusiones se desprenden de un trabajo internacional con participación de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) centrado en la reorganización de la diversidad de las especies. Los científicos, que publican sus resultados en Nature, han empleado la velocidad del cambio climático para derivar la trayectoria de los nichos climáticos de 1960 a 2009 y hasta el año 2100.

Los nichos climáticos se definen como el conjunto de condiciones bióticas y abióticas con las cuales una especie es capaz de mantener estable su población. Según el estudio, las costas actúan de barreras que impiden el paso a las trayectorias de los nichos, mientras que las áreas templadas locales las atraen. Este proceso acaba en la creación de áreas que actúan como fuente de especies que migran con el cambio climático, áreas que funcionan como corredores por los que se desplazan en sus migraciones climáticas, y áreas que actúan como sumideros, donde quedan atrapadas.

Según los datos rastreados entre 1960 y 2009, el 34% del océano es un área fuente y, por tanto, resulta inaccesible a las especies que migran por causas climáticas. Por otro lado, las áreas sumidero, donde las condiciones climáticas locales desaparecen, suponen el 1% del océano….[]

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Oceano, Clima y Tectónica de placas


GLACIACIONES, CAMBIOS CLIMÁTICOS Y EVIDENCIAS DE LOS MISMOS EN LA HISTORIA DE LA TIERRA

El clima es un promedio, a una escala de tiempo dada, del tiempo atmosférico. Los distintos tipos climáticos y su localización en la superficie terrestre obedecen a ciertos factores, siendo los principales, la latitud geográfica, la altitud, la distancia al mar, la orientación del relieve terrestre con respecto a la insolación (vertientes de solana y umbría) y a la dirección de los vientos (vertientes de Sotavento y barlovento) y por último, las corrientes marinas. Estos factores y sus variaciones en el tiempo producen cambios en los principales elementos constituyentes del clima que también son cinco: temperatura atmosférica, presión atmosférica, vientos, humedad y precipitaciones.

Pero existen fluctuaciones considerables en estos elementos a lo largo del tiempo, tanto mayores cuanto mayor sea el período de tiempo considerado. Estas fluctuaciones ocurren tanto en el tiempo como en el espacio. Las fluctuaciones en el tiempo son muy fáciles de comprobar: puede presentarse un año con un verano frío (por ejemplo, el sector del turismo llegó a tener fuertes pérdidas hace unos años en las playas españolas debido a las bajas temperaturas registradas y al consiguiente descenso del número de visitantes, y el invierno del 2009 al 2010 ha sido mucho más frío de lo normal, no solo en España, sino en toda Europa). También las fluctuaciones espaciales son aún más frecuentes y comprobables: los efectos de lluvias muy intensas en la zona intertropical del hemisferio sur en América (inundaciones en el Perú y en el sur del Brasil) se presentaron de manera paralela a lluvias muy escasas en la zona intertropical del Norte de América del Sur (especialmente en Venezuela y otras áreas vecinas).

Un cambio en la emisión de radiaciones solares, en la composición de la atmósfera, en la disposición de los continentes, en las corrientes marinas o en la órbita de la Tierra puede modificar la distribución de energía y el equilibrio térmico, alterando así profundamente el clima cuando se trata de procesos de larga duración.

Animación del mapa mundial de la temperatura media mensual del aire de la superficie.
Estas influencias se pueden clasificar en externas e internas a la Tierra. Las externas también reciben el nombre de forzamientos dado que normalmente actúan de manera sistemática sobre el clima, aunque también las hay aleatorias como es el caso de los impactos de meteoritos (astroblemas). La influencia humana sobre el clima en muchos casos se considera forzamiento externo ya que su influencia es más sistemática que caótica pero también es cierto que el Homo sapiens pertenece a la propia biosfera terrestre pudiéndose considerar también como forzamientos internos según el criterio que se use. En las causas internas se encuentran una mayoría de factores no sistemáticos o caóticos. Es en este grupo donde se encuentran los factores amplificadores y moderadores que actúan en respuesta a los cambios introduciendo una variable más al problema ya que no solo hay que tener en cuenta los factores que actúan sino también las respuestas que dichas modificaciones pueden conllevar. Por todo eso al clima se le considera un sistema complejo. Según qué tipo de factores dominen la variación del clima será sistemática o caótica. En esto depende mucho la escala de tiempo en la que se observe la variación ya que pueden quedar patrones regulares de baja frecuencia ocultos en variaciones caóticas de alta frecuencia y viceversa. Puede darse el caso de que algunas variaciones caóticas del clima no lo sean en realidad y que sean catalogadas como tales por un desconocimiento de las verdaderas razones causales de las mismas.
1 Causas de los cambios climáticos
1.1 Influencias externas
1.1.1 Variaciones solares
1.1.2 Variaciones orbitales
1.1.3 Impactos de meteoritos
1.2 Influencias internas
1.2.1 La deriva continental
1.2.2 La composición atmosférica
1.2.3 Las corrientes oceánicas
1.2.4 El campo magnético terrestre
1.2.5 Los efectos antropogénicos
1.2.6 Retroalimentaciones y factores moderadores
1.3 Incertidumbre de predicción
2 Cambios climáticos en el pasado
2.1 La paradoja del Sol débil
2.2 El efecto invernadero en el pasado
2.3 El CO2 como regulador del clima
2.4 Aparece la vida en la Tierra
3 Máximo Jurásico
3.1 Las glaciaciones del Pleistoceno
3.2 El mínimo de Maunder
4 El cambio climático actual
4.1 Combustibles fósiles y calentamiento global
4.2 Planteamiento de futuro
4.3 Agricultura
5 Clima de planetas vecinos
6 Materia multidisciplinar
7 Océanos
7.1 El aumento de la temperatura
7.2 Sumideros de carbono y acidificación
7.3 El cierre de la circulación térmica

Una glaciación, o edad de hielo, es un periodo de larga duración en el cual baja la temperatura global del clima de la Tierra, dando como resultado una expansión del hielo continental de los casquetes polares y los glaciares.
¿Qué causa el comienzo de las condiciones glaciares? Dos glaciaciones han sido especialmente dramáticas en la historia de la Tierra: la Tierra Bola de Nieve, que se inició a finales del Proterozoico, hace aproximadamente unos 700 millones de años, y la glaciación wisconsiense o de Würm, acaecida a finales del Pleistoceno. Otra edad glacial de especial impacto en la historia reciente fue la Pequeña Edad de Hielo, que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX.

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La acumulación de ácido sulfhídrico en el fondo marino amenaza las praderas de ‘Posidonia’


pradera de posidonias

La acumulación de ácido sulfhídrico en el fondo marino es uno de los factores que más amenazan la supervivencia de Posidonia oceanica, una especie endémica del Mediterráneo. Así lo ha constatado un equipo con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha estudiado durante ocho años las praderas que forma esta planta en las Islas Baleares. Los resultados, publicados en la revista Global Change Biology, determinan que el aumento de la temperatura máxima de la superficie del mar está relacionado con un mayor estrés de la especie por sulfhídrico.

Arecife de posidonias

Según los científicos, el aumento de la temperatura promueve la descomposición de la materia orgánica y, por tanto, la acumulación de ácido en los sedimentos en condiciones de falta de oxígeno. Simultáneamente, el aumento de la temperatura intensifica la respiración de la planta y, por tanto, la capacidad de la planta de mantener los tejidos oxigenados disminuye en condiciones de falta de oxígeno. El sulfhídrico puede entonces penetrar en la planta a través de las raíces y llegar a causar un estrés tóxico y, en algunos casos, la muerte.

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Convocatoria de Medios: No te pierdas la mayor conferencia de la ESA sobre el medioambiente


La ESA se complace en invitar a los medios de comunicación al SimposioLiving Planet, en el que se presentarán los últimos resultados de los satélites europeos y los principales logros de las distintas iniciativas para la observación de la Tierra.

El Simposio Living Planet se celebrará del 9 al 13 de septiembre en el Centro Internacional de Conferencias de Edimburgo, Reino Unido, y reunirá a más de 1.500 usuarios y científicos de todo el mundo para presentar los últimos resultados sobre el medio ambiente y el clima de nuestro planeta, obtenidos con la ayuda de los satélites de observación de la Tierra.

El tema principal será la versatilidad de las misiones Earth Explorer de la ESA. Este programa cuenta actualmente con tres misiones en órbita: CryoSat, GOCE y SMOS, que llevan varios años recopilando datos sobre la criosfera terrestre, sobre el campo gravitatorio de nuestro planeta y sobre la humedad del suelo y la salinidad de los océanos, respectivamente. Estas misiones también han demostrado su capacidad para lograr otros objetivos más allá de los contemplados en su diseño original.

CryoSat sigue midiendo el espesor y la extensión de las banquisas marinas y de las capas de hielo, pero también ha sido capaz de estudiar el perfil del terreno y analizar las aguas continentales, de monitorizar los cambios en el nivel del mar e incluso de cartografiar los fondos oceánicos.

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La NASA confirma una tendencia de calentamiento climático a largo plazo


Científicos de la NASA afirman que 2012 fue el noveno año más caluroso, desde 1880, lo cual continúa la tendencia de aumento de temperaturas globales a largo plazo. Con excepción de 1998, los nueve años más calurosos en este registro, el cual abarca los últimos 132 años, ocurrieron desde 2000, siendo 2010 y 2005 los años más calurosos.

El Instituto Goddard para Estudios Espaciales (Goddard Institute for Space Studies o GISS, por su acrónimo en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Nueva York y encargado de monitorizar las temperaturas superficiales globales de manera continua, publicó el pasado martes un análisis actualizado que compara las temperaturas alrededor del mundo en 2012 con el promedio de temperaturas globales que se registró alrededor de mediados del siglo XX. La comparación muestra que la Tierra continúa experimentando temperaturas más cálidas que las que se registraron hace varias décadas.

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Este mapa codificado por colores muestra la evolución de anomalías en las temperaturas superficiales globales desde 1880 hasta 2012. El último cuadro representa las anomalías en las temperaturas globales promediadas desde 2008 hasta 2012.

La temperatura promedio en el año 2012 fue de alrededor de 14,6 grados Celsius (58,3 grados Fahrenheit), lo cual es 0,6 °C (1,0 °F) más caliente que la referencia que corresponde a mediados del siglo XX. Según el nuevo análisis, la temperatura global promedio ha aumentado 0,8 °C (1,4 °F) desde el año 1880.

 

Los científicos hacen hincapié en que los patrones climáticos siempre causarán fluctuaciones en la temperatura promedio de un año a otro, pero el constante incremento en los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra asegura un aumento a largo plazo en las temperaturas globales. No será cada año necesariamente más caluroso que el anterior pero, dado el patrón actual del incremento en los gases de efecto invernadero, los científicos esperan que cada década sucesiva sea más calurosa que la anterior.

“Tener un año más de datos no es en sí significativo”, dice Gabin Schmidt, quien es un climatólogo del GISS. “Lo que importa es que esta década es más calurosa que la anterior y esa fue, a su vez, más calurosa que la que le precedió. El planeta se está calentando. La razón por la cual se está calentando es porque estamos inyectando en la atmósfera cantidades de dióxido de carbono cada vez mayores”.

El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero que atrapa el calor y también es uno de los principales agentes que controlan el clima en la Tierra. Aunque se produce naturalmente, también es emitido cuando se queman combustibles fósiles con el fin de producir energía. Debido a las crecientes emisiones causadas por el hombre, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra han estado continuamente en aumento durante varias décadas.

El nivel de dióxido de carbono en la atmósfera era de 285 partes por millón, en 1880, el año en que se inició el registro de temperatura del GISS. Para 1960, la concentración de dióxido de carbono atmosférico, medida por el Observatorio Mauna Loa de la NOAA (National Oceanographic and Atmospheric Administration o Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica, en idioma español), era de 315 partes por millón. En la actualidad, esas mediciones superan las 390 partes por millón.

Mientras que el planeta experimentaba temperaturas relativamente más cálidas en 2012, el sector continental de Estados Unidos soportó el año más caluroso, por mucho, del cual se tenga registro, según indica la NOAA. Dicha entidad es el organismo que se ocupa oficialmente de los registros climáticos de Estados Unidos.

 

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Los conjuntos de datos recolectados por la NASA y por la NOAA proporcionan confirmaciones independientes de la reciente tendencia de calentamiento. [Más datos]

“Las temperaturas registradas en Estados Unidos durante el verano de 2012 son un ejemplo de una nueva tendencia de extremos estacionales anormales que son más calurosos que las temperaturas estacionales más altas registradas a mediados del siglo XX”, dice el director del GISS, James E. Hansen. “Los dados del clima están ahora cargados. Algunas estaciones seguirán siendo más frías que el promedio a largo plazo, pero las personas perceptivas deberían darse cuenta de que la frecuencia de extremos inusualmente calurosos está aumentando. Son los extremos los que tienen el impacto más grande sobre las personas y otras formas de vida en el planeta”.

El análisis de las temperaturas producido por el GISS se realiza tomando como base los datos climáticos proporcionados por más de 1.000 estaciones meteorológicas alrededor del mundo así como por observaciones satelitales de las temperaturas superficiales de los océanos y por mediciones realizadas por estaciones de investigación ubicadas en la Antártida. Un programa que se encuentra disponible públicamente se usa entonces para calcular la diferencia entre las temperaturas superficiales de un mes específico y el promedio de temperatura en ese mismo sitio en el período desde 1951 hasta 1980. Este período, el cual abarca tres décadas, se utiliza como punto de referencia para el análisis. El último año que experimentó temperaturas más frías que el promedio desde 1951 hasta 1980 fue 1976.

El registro de temperatura del GISS es uno de varios análisis de temperaturas globales, junto con aquellos producidos por la Oficina Met del Centro Hadley, en el Reino Unido, y por el Centro Nacional de Datos Climáticos, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, en Asheville, Carolina del Norte. Aunque estos tres registros primarios emplean métodos levemente diferentes, sus tendencias muestran, en términos generales, una estrecha concordancia.

http://ciencia.nasa.gov

Créditos y Contactos
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting Editor de Producción: Dr. Tony Phillips Traducción al Español: Juan C. Toledo Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti Formato: Juan C. Toledo

Más información (en inglés)

Análisis GISTEMP del Instituto Goddard para Estudios Espaciales

Resumen científico de la NASA sobre el análisis 2012 de temperaturas (pdf)

Análisis de la NOAA sobre el estado del clima: 2012

Diapositivas de la teleconferencia de prensa del 15 de enero (pdf)

Descargar contenido multimedia relacionado, en formatos HD, conveniente para la difusión

Este texto ha sido dado a conocer como la publicación No. 13–021 de la oficina central de la NASA.

Las temperaturas aumentan en la profundidad del océano Pacífico


Un estudio internacional con participación española ha elaborado un registro de los cambios en el ciclo del carbono producidos durante el Cenozoico (desde hace 65 millones de años) en el océano Pacífico. Los datos recopilados en este trabajo demuestran que los carbonatos, que se disuelven cuanto menor es la temperatura de las aguas, lo hacen ahora más lejos de la superficie, lo que indica un progresivo aumento de las temperaturas.

El estudio se publica en ‘Nature’

El estudio, publicado en el último número de Nature y que cuenta con la colaboración de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha permitido reflejar las variaciones en la temperatura de las aguas desde hace unos 65 millones de años hasta la actualidad.

La profundidad de compensación de los carbonatos (CCD, por sus siglas en inglés), o lisoclina, es el límite a partir del cual el carbonato cálcico se disuelve en el océano. Su situación dentro de la columna de agua viene determinada por la temperatura, la concentración de dióxido de carbono (CO2) y la presión.

“Mediante el análisis de los carbonatos presentes en los testigos sedimentarios recogidos en el fondo del Pacífico, hemos podido observar la evolución de la lisoclina. La disolución de los carbonatos aumenta cuanto menor es la temperatura de las aguas, lo que nos permite observar las variaciones climáticas a lo largo de millones de años”, explica Óscar Romero, autor del estudio e investigador del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, centro mixto del CSIC y la Universidad de Granada.

La lisoclina del Pacífico ha experimentado grandes variaciones a largo plazo en los últimos 65 millones de años. Según este estudio, durante el Cenozoico temprano (hace unos 55 millones de años) la profundidad de compensación de los carbonatos se situaba a una distancia de entre 3 y 3,5 kilómetros de la superficie, frente a los 4,6 kilómetros de profundidad en los que se sitúa actualmente. Estos datos reflejan que a inicios del Cenozoico, en el Eoceno, las temperaturas eran inferiores a las que se dan en el presente.

“El uso de modelos nos permite identificar cambios en la tasa de meteorización y en el modo de suministro de materia orgánica al océano, dos procesos clave que explican estas grandes fluctuaciones en la compensación del carbonato durante el Eoceno”, apunta Romero.

El Pacífico como modelo

En la escala geológica del tiempo, las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera y el clima están reguladas por el equilibrio entre el aporte de carbono de los volcanes y la producción metamórfica de gases, y su remoción a través de los mecanismos de desintegración, descomposición y disgregación.

Estos mecanismos de retroalimentación incluyen la erosión de rocas silícicas y con alto contenido de carbono orgánico. El efecto integrado de estos procesos se ve reflejado en la profundidad de la compensación del carbonato de calcio.

Según los expertos, el océano Pacífico, con unas dimensiones mayores que el resto de los océanos del planeta, está estrechamente relacionado con los cambios globales en el ciclo del carbono y en el sistema climático en el Cenozoico. La contribución del Pacífico ecuatorial a la deposición de sedimentos biogénicos (constituidos por restos de organismos) es mucho mayor que la del resto de océanos.

Las variaciones en la lisoclina registradas por este trabajo coinciden con el progresivo aumento de la tasa de meteorización que se produjo durante el Cenozoico.

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