El casquete de hielo continental antártico surgió por primera vez durante el Oligoceno hace 33,6 millones de años, según demuestran los datos de una expedición internacional liderada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El hallazgo, basado en la información contenida en sedimentos de hielo a distintas profundidades, aparece publicado hoy en la revista Science.
Antes de que el hielo se asentara sobre el continente antártico, la Tierra era un lugar cálido de clima tropical. En esta región, el plancton gozaba de gran diversidad hasta que la glaciación redujo estas poblaciones a solo aquellas capaces de sobrevivir en el nuevo clima.
La expedición internacional Integrated Ocean Drilling Program ha obtenido esta información gracias a la historia paleoclimática que se conserva en los estratos de sedimento de las profundidades antárticas. La investigadora del CSIC en el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (centro mixto del CSIC y la Universidad de Granada) Carlota Escutia, que ha liderado la expedición, explica: “El registro fósil de las comunidades de organismos dinoflagelados refleja una gran disminución y especialización de dichas especies que tuvo lugar al establecerse el casquete de hielos y con el las estaciones marcadas por la formación y desaparición de la banquisa de hielos”.
El origen del casquete polar continental antártico marca el inicio del funcionamiento de sus comunidades planctónicas que aún perdura en la actualidad. Dicha capa de hielo se asocia a su banquisa, que es la parte helada que desaparece y reaparece en función de la estacionalidad del clima.
Según el artículo, la desaparición de esta banquisa cuando se acerca el verano antártico marca el aumento de la producción primaria de las comunidades plantónicas endémicas. Al derretirse, el hielo libera los nutrientes acumulados en él, que son empleados por el plancton. Escutia indica que “este fenómeno tiene influencia sobre la dinámica de producción primaria global”.
Científicos de la NASA afirman que 2012 fue el noveno año más caluroso, desde 1880, lo cual continúa la tendencia de aumento de temperaturas globales a largo plazo. Con excepción de 1998, los nueve años más calurosos en este registro, el cual abarca los últimos 132 años, ocurrieron desde 2000, siendo 2010 y 2005 los años más calurosos.
El Instituto Goddard para Estudios Espaciales (Goddard Institute for Space Studies o GISS, por su acrónimo en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Nueva York y encargado de monitorizar las temperaturas superficiales globales de manera continua, publicó el pasado martes un análisis actualizado que compara las temperaturas alrededor del mundo en 2012 con el promedio de temperaturas globales que se registró alrededor de mediados del siglo XX. La comparación muestra que la Tierra continúa experimentando temperaturas más cálidas que las que se registraron hace varias décadas.
Este mapa codificado por colores muestra la evolución de anomalías en las temperaturas superficiales globales desde 1880 hasta 2012. El último cuadro representa las anomalías en las temperaturas globales promediadas desde 2008 hasta 2012.
La temperatura promedio en el año 2012 fue de alrededor de 14,6 grados Celsius (58,3 grados Fahrenheit), lo cual es 0,6 °C (1,0 °F) más caliente que la referencia que corresponde a mediados del siglo XX. Según el nuevo análisis, la temperatura global promedio ha aumentado 0,8 °C (1,4 °F) desde el año 1880.
Los científicos hacen hincapié en que los patrones climáticos siempre causarán fluctuaciones en la temperatura promedio de un año a otro, pero el constante incremento en los niveles de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra asegura un aumento a largo plazo en las temperaturas globales. No será cada año necesariamente más caluroso que el anterior pero, dado el patrón actual del incremento en los gases de efecto invernadero, los científicos esperan que cada década sucesiva sea más calurosa que la anterior.
“Tener un año más de datos no es en sí significativo”, dice Gabin Schmidt, quien es un climatólogo del GISS. “Lo que importa es que esta década es más calurosa que la anterior y esa fue, a su vez, más calurosa que la que le precedió. El planeta se está calentando. La razón por la cual se está calentando es porque estamos inyectando en la atmósfera cantidades de dióxido de carbono cada vez mayores”.
El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero que atrapa el calor y también es uno de los principales agentes que controlan el clima en la Tierra. Aunque se produce naturalmente, también es emitido cuando se queman combustibles fósiles con el fin de producir energía. Debido a las crecientes emisiones causadas por el hombre, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra han estado continuamente en aumento durante varias décadas.
El nivel de dióxido de carbono en la atmósfera era de 285 partes por millón, en 1880, el año en que se inició el registro de temperatura del GISS. Para 1960, la concentración de dióxido de carbono atmosférico, medida por el Observatorio Mauna Loa de la NOAA (National Oceanographic and Atmospheric Administration o Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica, en idioma español), era de 315 partes por millón. En la actualidad, esas mediciones superan las 390 partes por millón.
Mientras que el planeta experimentaba temperaturas relativamente más cálidas en 2012, el sector continental de Estados Unidos soportó el año más caluroso, por mucho, del cual se tenga registro, según indica la NOAA. Dicha entidad es el organismo que se ocupa oficialmente de los registros climáticos de Estados Unidos.
Los conjuntos de datos recolectados por la NASA y por la NOAA proporcionan confirmaciones independientes de la reciente tendencia de calentamiento. [Más datos]
“Las temperaturas registradas en Estados Unidos durante el verano de 2012 son un ejemplo de una nueva tendencia de extremos estacionales anormales que son más calurosos que las temperaturas estacionales más altas registradas a mediados del siglo XX”, dice el director del GISS, James E. Hansen. “Los dados del clima están ahora cargados. Algunas estaciones seguirán siendo más frías que el promedio a largo plazo, pero las personas perceptivas deberían darse cuenta de que la frecuencia de extremos inusualmente calurosos está aumentando. Son los extremos los que tienen el impacto más grande sobre las personas y otras formas de vida en el planeta”.
El análisis de las temperaturas producido por el GISS se realiza tomando como base los datos climáticos proporcionados por más de 1.000 estaciones meteorológicas alrededor del mundo así como por observaciones satelitales de las temperaturas superficiales de los océanos y por mediciones realizadas por estaciones de investigación ubicadas en la Antártida. Un programa que se encuentra disponible públicamente se usa entonces para calcular la diferencia entre las temperaturas superficiales de un mes específico y el promedio de temperatura en ese mismo sitio en el período desde 1951 hasta 1980. Este período, el cual abarca tres décadas, se utiliza como punto de referencia para el análisis. El último año que experimentó temperaturas más frías que el promedio desde 1951 hasta 1980 fue 1976.
El registro de temperatura del GISS es uno de varios análisis de temperaturas globales, junto con aquellos producidos por la Oficina Met del Centro Hadley, en el Reino Unido, y por el Centro Nacional de Datos Climáticos, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, en Asheville, Carolina del Norte. Aunque estos tres registros primarios emplean métodos levemente diferentes, sus tendencias muestran, en términos generales, una estrecha concordancia.
Hasta ahora, la comunidad científica sospechaba que el aumento de los niveles de CO2 y el calentamiento global que puso fin a la Edad de Hielo (hace 10.000 años) estaban relacionados. Un nuevo estudio internacional, financiado por la Fundación Nacional de Ciencia de EE UU y publicado esta semana en la revista ‘Nature’, confirma esta relación causa-efecto.
“El dióxido de carbono podría ser un factor importante en el final de la última Edad de Hielo, pero su papel exacto siempre ha sido un misterio porque el aumento de las temperaturas observado en los núcleos de hielo de la Antártida tuvo lugar antes de que se elevaran los niveles de CO2”, ha afirmado Jeremy Shakun, uno de los autores del estudio y becario postdoctoral de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) en las Universidades de Harvard y Columbia (EE UU).
La clave para comprender el papel del CO2 ha sido reconstruir los cambios medios de temperatura a nivel mundial durante el final de la última Edad de Hielo. Según los investigadores, al no limitarse a las temperaturas antárticas, se hizo “evidente” que el cambio en el CO2 precedió “ligeramente” a gran parte del calentamiento global.
“El CO2 fue uno de los grandes causantes de que el planeta saliera de la última Edad de Hielo e hicieron falta 10.000 años para ello. Ahora los niveles de CO2 se encuentran de nuevo en aumento, pero en esta ocasión hace sólo 200 años que se produjo un aumento equivalente de CO2 y existen signos claros de que el planeta se encuentran aún comenzando a reaccionar”, ha apuntado el investigador.
El dióxido de carbono podría ser un factor importante en el final de la última Edad de Hielo, pero su papel exacto siempre ha sido un misterio
Los científicos crearon un registro de temperaturas superficiales mundiales a partir de 80 reconstrucciones que abarcaban el final de la Edad de Hielo y descubrieron que la temperatura media alrededor de la Tierra se correlacionaba con los niveles aumentados de CO2.
El deshielo, paso a paso
Según el estudio, los pequeños cambios en la órbita de la Tierra alrededor del Sol afectaron a la cantidad de luz solar que llegaba al hemisferio norte, lo que fundió el hielo que cubría Canadá y Europa. El agua dulce derretida fluyó fuera del continente hacia el Océano Atlántico, donde se formó un tapón sobre la corriente hacia las profundidades de la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (una parte de un sistema mundial de corrientes que trae aguas cálidas de los trópicos y que en la actualidad mantiene la temperatura de Europa a pesar de sus elevadas latitudes).
Cuando el agua dulce que salía del continente al final de la última Edad de Hielo penetró en el Atlántico Norte, “básicamente” frenó la corriente y alteró la llegada del calor a las latitudes del norte.
“Cuando se paraliza el transporte de calor, el norte se enfría y el calor se concentra en el hemisferio sur. La Antártida se habría templado con rapidez, y fue un proceso mucho más breve que el tiempo necesario para que el CO2 salga de las profundidades marinas, que es donde posiblemente se encontraba almacenado”, ha destacado Shakun.
El trabajo demuestra que el calentamiento del Océano Antártico puede haber cambiado el rumbo de los vientos, fundido el hielo marino y, posiblemente, extraído el CO2 de las profundidades y haberlo liberado en la atmósfera. “Lo que a su vez hubiera aumentado el calentamiento a nivel mundial”.
Para los investigadores, ahora la cuestión es cómo afectará al planeta el dióxido de carbono generado por los humanos, “ahora que no nos encontramos en una edad de hielo”.
Jeremy D. Shakun, Peter U. Clark, Feng He, Shaun A. Marcott, Alan C. Mix, Zhengyu Liu, Bette Otto-Bliesner,
Andreas Schmittner, Edouard Bard. “Global warming preceded by increasing carbon dioxide concentrations during the last deglaciation”, Nature 484, 5 de abril de 2012 doi:10.1038/nature10915
Un estudio internacional, en el que participan investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Valencia, advierte que el cambio climático producirá alteraciones en los tapetes microbianos de las regiones del Ártico y la Antártida que podrían llegar a ser cruciales para los ecosistemas polares tal y como hoy los conocemos.
Los tapetes microbianos constituyen la mayor biomasa no marina y acumulan la mayor biodiversidad en las zonas polares. Experimentos basados en muestras obtenidas en la isla Livingston de la Antártida y en distintas zonas del Ártico, determinaron recientemente que el actual cambio climático podría producir alteraciones importantes en estos tapetes biológicos formados por múltiples capas de microorganismos.
Como parte de los experimentos, los autores del estudio mantuvieron dichas muestras en laboratorio a distintas temperaturas durante varios meses. Las temperaturas oscilaron entre las que hoy se encuentran en los polos y las que pronostican los modelos de cambio climático para las siguientes décadas.
El satélite Envisat de la ESA, que acaba de cumplir diez años en órbita, continúa observando cómo una de las barreras de hielo de la Antártida sigue retrocediendo a causa del cambio climático.
Poco después de su lanzamiento el 1 de marzo de 2002, Envisat enviaba imágenes de la separación de una gran parte de la barrera de hielo Larsen B en la Antártida. 3 200 kilómetros cuadrados de hielo se desintegraron en cuestión de días debido a las inestabilidades mecánicas provocadas por el calentamiento de la región.
This animation shows radar images from the Envisat satellite from 2002 to 2012 of the Larsen B ice shelf in Antarctica. Over the last decade, the ice shelf has disintegrated by 1790 sq km.
Credits: ESA
Tras diez años monitorizando la barrera con su Radar Avanzado de Apertura Sintética (ASAR), Envisat ha sido testigo de cómo Larsen B perdía otros 1 790 kilómetros cuadrados a lo largo de una década.
Aquí hay un buen ejemplo. “El parque para esquiadores de Mammoth Mountain, en la Sierra de California, recibió una cantidad de nieve superior a los 5 metros (200 pulgadas) el pasado mes de diciembre”, dice el climatólogo Bill Patzert, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA. “Este diciembre, no han caído ni 25 centímetros (10 pulgadas)”.
Las temperaturas también han variado mucho. Se registraron 583 nuevos récords de calor en los primeros cinco días de enero en Estados Unidos.
“En Los Ángeles, hace 30 °C (86 °F) hoy [miércoles 4 de enero]“, dice Patzert. “¡Todo el mundo piensa que es julio (mes de verano en el hemisferio boreal)! De hecho, hace más calor hoy en Los Ángeles que el 4 de julio del año pasado. Y, en las Dakotas, la temperatura ha fluctuado entre los 15 y 20 °C (60 y 70 °F)”.
La empresa SRB Energy entregó hoy en el Aeropuerto Internacional de Ginebra el primero de los paneles solares que formará uno de los mayores sistemas de energía solar de Suiza. Cuando esté finalizado, constará de unos 300 paneles solares térmicos de alta temperatura que cubrirán una superficie de 1.200 metros cuadrados en el techo del edificio de la terminal principal del aeropuerto. Los paneles, que se utilizarán para climatizar los edificios en invierno y verano, están basados en tecnología de vacío desarrollada en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) para aceleradores de partículas. Están fabricados por la empresa SRB Energy, una compañía de base tecnológica formada por la española Grupo Segura con base en Almussafes (Valencia).
“Estamos encantados de que el Aeropuerto Internacional de Ginebra haya optado por esta tecnología”, declara Cristoforo Benvenuti, inventor de los paneles, que ha trabajado en tecnología de vacío en el CERN desde los años 70. “Los paneles proceden de tecnologías de vacío que fueron desarrolladas con propósitos de investigación en física de partículas, y es muy gratificante verlos usados para conseguir energías renovables”.