Una investigación revela nuevas conclusiones sobre este efecto paradójico provocado por el calentamiento global de los oceános
El calentamiento del océano puede ser un importante motor de la expansión del hielo marino en la Antártida, según se destaca en un estudio llevado a cabo por científicos del Real Instituto meteorológico de los Países Bajos.
Este trabajo, publicado en «Nature Geoscience», señala que, mientras que el hielo marino en el Polo Norte se ha reducido sustancialmente en las últimas tres décadas, en el Polo Sur ha crecido en extensión, sin que los expertos hayan encontrado motivos para ello.
La tolerancia al calentamiento global del coral parece haberse sobrestimado. Sólo quedan 10 años para salvar los arrecifes de coral, que son los ecosistemas más ricos de los océanos.
Según un nuevo estudio realizado por un equipo internacional, los arrecifes de coral se enfrentarán a desafíos severos incluso si el calentamiento global se limita a sólo 2 grados centígrados, un nivel que se consideraba seguro para muchos sistemas naturales y para el ser humano.
La temperatura de las aguas superficiales del mar son propensas a producir episodios más intensos de blanqueamiento del coral. Sólo bajo un escenario con acciones fuertes sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y asumiendo que el coral evolucionará para adaptarse a cambios rápidos se podría decir que dos tercios de los arrecifes podrían estar a salvo. De otro modo sólo se puede esperar una degradación severa de los mismos.
Los arrecifes coralinos son el hogar de un cuarto de las especies de los océanos y proporcionan servicios críticos que incluyen la protección de la costa, turismo o pesca a millones de personas a lo largo del mundo.
Tanto la acidificación del mar, como el calentamiento global, ambos producidos por las emisiones de origen humano de dióxido de carbono, suponen una gran amenaza para estos ecosistemas.
Así lo ha afirmado Thomas Stocker, investigador en la Universidad de Berna (Suiza) durante el congreso “Los cambios climáticos bruscos, ciencia y medios de comunicación” organizado por el CSIC y que se ha inaugurado. El evento reúnio a científicos y periodistas para tratar el tema del cambio climático.
“Hay un punto de no retorno si nos fijamos en cuánto tiempo permanece ahora el CO2 en la atmósfera, cuánto tiempo persiste el calentamiento, la duración de la acidez del océano y de los altos niveles del mar”, ha declarado en un encuentro con los medios de comunicación Thomas Stocker, investigador en la Universidad de Berna (Suiza).
Según el experto sobre cambio climático, que también es codirector del Grupo de Trabajo I para el V Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), “a escala humana, ya hemos pasado el punto de no retorno”. “El cambio climático se quedará con nosotros muchos siglos, aunque paremos ahora de emitir CO2 a la atmósfera”, ha advertido.
Los humedales son unos de los ecosistemas más productivos que existen en el planeta, no obstante, la acción humana destruyó aproximadamente la mitad de su extensión mundial a lo largo del siglo XX. Una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que estas formaciones degradadas tardan una media mínima de 30 años en recuperar su estructura y funcionamiento. Los humedales de nueva creación requieren, aproximadamente, el mismo periodo de tiempo hasta llegar a ser autosuficientes.
1) Surgencia de agua subterránea en los Ojos de Monreal (Teruel, NE. España). 2) Vista aérea de manglares en la costa norte del Yucatán (SE México). 3) Humedal temporal en El Pantanal (Mato Grosso, W. Brasil). Crédito: Francisco A. Comín Serrano, CSIC
“Cada indicador de recuperación evoluciona de forma distinta. Se recuperan antes los flujos de agua que la comunidad biológica y esta antes que los ciclos biogeoquímicos pero las condiciones mínimas de viabilidad se alcanzan cuando se estructura la comunidad biológica vegetal, lo que suele tardar unos 30 años”, explica el investigador del Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC Francisco Comín, que ha participado en el trabajo.
Un estudio internacional en el que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha confirmado que el calentamiento global provoca un ascenso altitudinal de las especies vegetales. El trabajo, publicado en el último número de Science, analiza los cambios observados en la flora de 66 cimas de 17 cordilleras europeas entre 2001 y 2008.
Este proyecto, que en la Península Ibérica estableció zonas piloto en los Pirineos (Ordesa) y en Sierra Nevada, ha calculado un desplazamiento hacia la cima de 2,7 metros de media en el conjunto de las especies estudiadas. “Este resultado confirma la hipótesis de que el aumento de las temperaturas induce el desplazamiento de la flora alpina hacia niveles superiores. Tal fenómeno ha provocado la sustitución de algunas especies resistentes al frío por otras más sensibles a él. Todo ello refleja la vulnerabilidad de los ecosistemas de alta montaña a medio y a largo plazo”, explica el investigador del CSIC Luis Villar, del Instituto Pirenaico de Ecología.
Aquí hay un buen ejemplo. “El parque para esquiadores de Mammoth Mountain, en la Sierra de California, recibió una cantidad de nieve superior a los 5 metros (200 pulgadas) el pasado mes de diciembre”, dice el climatólogo Bill Patzert, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA. “Este diciembre, no han caído ni 25 centímetros (10 pulgadas)”.
Las temperaturas también han variado mucho. Se registraron 583 nuevos récords de calor en los primeros cinco días de enero en Estados Unidos.
“En Los Ángeles, hace 30 °C (86 °F) hoy [miércoles 4 de enero]“, dice Patzert. “¡Todo el mundo piensa que es julio (mes de verano en el hemisferio boreal)! De hecho, hace más calor hoy en Los Ángeles que el 4 de julio del año pasado. Y, en las Dakotas, la temperatura ha fluctuado entre los 15 y 20 °C (60 y 70 °F)”.
La interminable cumbre del clima de Durban ha demostrado que a los ministros de Medio Ambiente el desafío les viene grande. No está en juego el freno del calentamiento global, sino las relaciones de poder en mayúsculas, entre las potencias que se desvanecen, como la UE y EEUU, y las que emergen: China, India y Brasil. Sobre la mesa no está la reducción de emisiones de CO2, sino el dominio económico del planeta. La enviada india, Jayanthi Natarajan, lo resumió el viernes citando a la exprimera ministra Indira Gandhi para defender su derecho a crecer y emitir más CO2: “La pobreza es el mayor contaminador y el desarrollo es el mayor sanador”. India emite 1,5 toneladas de dióxido de carbono per cápita. China, seis. Alemania, casi diez. EEUU, 18.
El cónclave de la ONU, en el último minuto, luchaba anoche por pasar a la historia como el primero en el que todos los países se subieron a un mismo autobús, aunque sin saber muy bien hacia dónde se dirigía ni a qué velocidad. Han hecho falta 17 cumbres como ésta, 17 años, para acercarse a esa meta, exigida desde hace mucho por la comunidad científica.
Los delegados manejan una vaga hoja de ruta como acuerdo
El borrador de acuerdo que se manejaba al cierre de esta edición establecía una vaga hoja de ruta hacia un futuro “protocolo, instrumento legal u otro resultado legal” de reducción de emisiones en el que estarían por primera vez todos los países, incluidos EEUU y China, responsables de la mitad del CO2 expulsado por el ser humano. Ese acuerdo se empezaría a negociar el año que viene y estaría listo en 2015, para entrar en vigor “desde 2020”. Además, los países manejaban una prórroga del protocolo de Kioto, que expira en 2012. La segunda parte de este tratado, el único vinculante que actualmente controla las emisiones de CO2, estaría en vigor entre 2013 y 2017. Sólo cubre a la UE, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Australia. Juntos apenas representan el 15% de las emisiones mundiales.