Cuarta visita de Obama a región del Golfo de México


El presidente estadounidense, Barack Obama, realizó hoy su cuarta visita a la región del Golfo de México, impactada por un derrame petrolero que se ha extendido por 56 días.

Obama arribó a la pequeña ciudad costera de Gulfport, en Misisipi, en lo que constituye la primera etapa de un periplo de 48 horas no sólo por esa zona sureña, sino también por los estados de Alabama y Florida, más al este.

El gobernante planificó una serie de reuniones con los encargados de las operaciones que intentan detener el flujo de crudo de un pozo ubicado a 1,5 kilómetros por debajo del nivel del mar.

Obama visitó la costa del Golfo el 2 y 28 de mayo, así como el 4 de junio, donde defendió la respuesta de su administración ante la mayor catástrofe ambiental que ha sufrido el territorio nacional.

Hasta el momento, las críticas y presiones a la Casa Blanca están basadas en el reclamo de medidas más enérgicas para enfrentar la tragedia, causante, además, de la muerte de 11 trabajadores.

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Mientras, la víspera venció el plazo dado por las autoridades estadounidenses a la British Petroleum (BP) para aplicar métodos más eficaces en la contención del fluido y la limpieza de una extensa área contaminada.

En una entrevista concedida al sitio digital Politico, Obama calificó la actual situación de 11 de septiembre ecológico.

De la misma forma que los atentados al World Trade Center modificaron la visión de Estados Unidos sobre sus vulnerabilidades, lo ocurrido ahora cambiará la visión “sobre el ambiente y la energía”, dijo…[]

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Por otro lado la temporada de huracanes de este año en la cuenca del Atlántico, que ya ha comenzado, será muy activa y podría empeorar la situación en el golfo de México , tal y como advierten las distintas previsiones de la Administración Atmosférica y Oceánica de EEUU (NOAA), de la Universidad de Colorado o de la Met Office, la oficina meteorológica británica.

La combinación de una temperatura del agua del mar más alta de lo normal y la desaparición del fenómeno de El Niño están detrás de este cambio sustancial respecto al año pasado, cuando sólo se formaron nueve tormentas tropicales sobre las aguas del Atlántico. De ellas, sólo tres alcanzaron categoría de huracán (vientos de más de 119 km/h.) y sólo dos alcanzaron categoría de gran huracán (vientos de más de 178 km/h.). Son números extremadamente lejanos respecto a la temporada más activa jamás registrada, la del año 2005 con el huracán Katrina a la cabeza, y que dejó 28 tormentas tropicales, 15 huracanes y siete grandes huracanes.

La Agencia Atmosférica espera hasta 14 huracanes en el Atlántico
Para el Centro de Predicción Climática (CPC) de la NOAA, la temporada de huracanes será “activa o extremadamente activa”. Desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre, existe un 70% de probabilidad de que se formen de 14 a 23 tormentas tropicales, de las cuales de ocho a 14 se intensificarían hasta alcanzar categoría de huracán y de tres a siete llegarían a categoría de gran huracán. De esta forma, si estas previsiones se cumplen, “estaríamos ante una de las temporadas más activas jamás observadas”, tal y como afirma Jane Lubchenco, subsecretaria de Comercio para los Océanos y la Atmósfera de la NOAA. La media de los últimos 50 años establece que acostumbran a formarse diez tormentas tropicales, seis huracanes y dos grandes huracanes.

William Gray, el gurú de los huracanes de la Universidad de Colorado, también anuncia una temporada por encima de la media en el Atlántico. Sus previsiones advierten de la formación de 18 tormentas tropicales, de las cuales diez llegarán a categoría de huracán y cinco a gran huracán.

Para la Met Office, la oficina meteorológica de Reino Unido, la temporada de huracanes en el Atlántico también estará por encima de la media de los últimos 50 años. La cifra exacta de ciclones tropicales previstos, en cambio, no se conocerá hasta finales de este mes.

El número de tormentas superará la media de los últimos 50 años
Tres factores en juego
La combinación de tres factores meteorológicos está detrás del incremento en las previsiones de la NOAA, la Universidad de Colorado y la Met Office. Por un lado, las aguas del Atlántico están registrando temperaturas muy por encima de lo normal, hasta 1,5ºC por encima de la media, por ejemplo, al este del Caribe. Por otro lado, la mayor actividad anunciada en las previsiones es debida a la desaparición de El Niño, un fenómeno climático que calienta las aguas tropicales del Pacífico este. Los científicos han constatado que en los años en los que se produce El Niño, el número de ciclones tropicales en el Atlántico es mucho más bajo, tal y como ocurrió en 2009.

El Niño y La Niña
En cambio, la temperatura del Pacífico tropical muestra actualmente valores normales e incluso se anuncia un enfriamiento a partir del mes de agosto. Es el proceso contrario a El Niño, denominado La Niña, y su estudio a lo largo de las últimas temporadas de huracanes confirma un mayor número de ciclones en el Atlántico cuando aparece este enfriamiento.

Como última razón para justificar la mayor actividad anunciada en las previsiones, desde el año 1995 la cuenca del Atlántico se encuentra en un período multi-decadal de mayor actividad, como demuestra el hecho de que 10 de las últimas 15 temporadas han mostrado un número de ciclones tropicales superior a la media. De las cinco temporadas con un número de ciclones inferior a la media, en cuatro de ellas había aparecido el fenómeno de El Niño. El anterior periodo multidecadal, de 1971 a 1994, registró un índice de actividad de tan sólo el 75% de lo normal.

Alto riesgo
Las previsiones de la Universidad de Colorado, con William Gray a la cabeza, también incluyen la probabilidad de impacto de los ciclones, separada por estados y por condados. En concreto, la probabilidad de que un gran huracán llegue a la costa de Estados Unidos queda establecida en un 76%. Esta disminuye al 51% si sólo se tienen en cuenta la costa este y la península de Florida, mientras que para el Caribe la probabilidad de llegada de un gran huracán se precisa en un 65%, cuando la media del último siglo ha sido del 42%.

La intensa actividad que anuncian las previsiones para la temporada de huracanes de este año en el Atlántico no sólo puede suponer una mala noticia para el turismo del este de Estados Unidos, del Caribe o del golfo de México. En esta última zona, prosigue el vertido incontrolado de petróleo procedente de la plataforma de BP y la llegada de huracanes supondrá, muy probablemente, una dificultad en las labores de control y de eliminación de la mancha de crudo, que se sitúa ahora frente a las costas de Misisipi y Luisiana. La petrolera afirma haber contado con la posibilidad de que un huracán afecte al proceso de recogida de crudo, actualmente en marcha. En días pasados, la compañía informó de que estaba estudiando cómo blindar el sistema de captación contra esta eventualidad.

Estos dos estados se ven afectados recurrentemente por los ciclones tropicales, como demuestran los datos: desde 1858, 72 huracanes y 26 grandes huracanes han impactado en alguno de estos dos estados. De esta manera, la probabilidad de que un huracán llegue al estado de Luisiana queda establecida este año en un 50,4%, mientras que en un 21,5% de los casos llegará un gran huracán.

Viento contra petróleo
Según la NOAA, los fuertes vientos y el intenso oleaje que aporta un huracán acelerarían el proceso de biodegradación del crudo, al favorecer la mezcla del petróleo con el agua del mar. Este proceso ocurriría tanto con la mancha que se encuentra acumulada en la superficie como con las pequeñas concentraciones, en partes por millón, que se han observado a profundidades medias. Por el contrario, el viento distribuiría la mancha de petróleo alrededor de una extensión mayor, aunque los científicos advierten de las dificultades para elaborar un modelo informático del hipotético movimiento de la mancha.

En términos generales, la trayectoria del huracán será el factor más determinante, especialmente en cuanto a la dirección del viento, que siempre gira en sentido contrario a las agujas del reloj. Por lo tanto, si el huracán se acerca por el oeste, los vientos predominantes sobre las costas de Luisiana y Misisipi serán de componente sur, acercando la mancha todavía más a la costa y aumentando su impacto ambiental.

En cambio, si el huracán se acerca por el este, los vientos predominantes serán de componente norte y alejarán la mancha de petróleo mar adentro. De esta forma, el impacto del crudo sobre los ecosistemas costeros de la costa del golfo sería menor, pero el movimiento aproximaría la gran masa de crudo a la corriente del golfo.

Se trata de una corriente marina que se mueve a gran profundidad y que circula desde el golfo de México hacia la península de Florida para posteriormente cruzar el Atlántico y llegar a Europa.

Los científicos encargados de monitorizar la evolución del vertido de petróleo han confirmado, con el satélite Envisat de la Agencia Espacial Europea (ESA) y el Radar Avanzado de Apertura, que un ramal de la mancha de crudo ha enlazado con la corriente del golfo. La consecuencia inmediata fue la llegada de galletas de petróleo a las costas de Pensacola, en Florida. Esta zona, muy rica en arrecifes de coral, podría sufrir otra catástrofe ambiental, especialmente si el petróleo llega arrastrado por la corriente del Golfo y por tanto a gran profundidad, lo que lo haría indetectable por los satélites de la ESA y de la NASA que rastrean la zona.

www.publico.es

En caso de derrame, llamar a un experto muerto

El plan de acción de BP contra vertidos está lleno de errores

La trayectoria científica del biólogo Peter Lutz, experto en fisiología de organismos marinos, lo avala como el experto adecuado al que recurrir en el caso de un derrame accidental, y así lo afirma el plan de respuesta de BP contra vertidos de crudo en el golfo de México, con fecha de 2009. Sólo hay un obstáculo: Lutz murió en 2005 de un cáncer.

Es sólo uno de los errores que contiene el documento interno de la petrolera, al que ha tenido acceso Associated Press. La información de AP menciona también entre los “recursos biológicos sensibles” de la zona las morsas, focas, leones marinos y nutrias, mamíferos todos ellos ausentes del golfo de México.

El plan, de 582 páginas, dedica 52 de ellas específicamente a la plataforma Deepwater Horizon, la que explotó el pasado 20 de abril originando el escape que sigue vertiendo petróleo al mar 52 días después. Aparentemente, un fracaso como el ocurrido era impensable según el plan de acción de la compañía, que garantizaba “la capacidad de respuesta, al máximo nivel factible, al peor caso de descarga”. Para BP, este pésimo escenario arrojaba diez veces más crudo al mar que el actual vertido, pero a pesar de su magnitud no afectaba a la fauna ni a las costas, y sólo perjudicaba temporalmente la calidad del agua.

Suma y sigue. Siempre según el análisis de AP, la respuesta difícilmente pudo ser rápida y eficaz, ya que los nombres y teléfonos de varios especialistas en biología marina de la Universidad A&M de Texas, así como los números de las oficinas de vigilancia de mamíferos marinos en Luisiana y Florida, están anticuados. La dirección web de Marine Spill Response Corp, un proveedor de servicios utilizado por BP, abre una página obsoleta en japonés. La corriente del golfo ni siquiera se menciona en un plan que no ha guiado la respuesta de BP, dominada por la improvisación.

publico.es

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